Calas

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Caletón Blanco...a marea vacía

Desde Ye, en pleno Monumento Natural del Volcán de la Corona, el mar lucía sugerente por los azules marinos y turquesas que se fundían con el jable blanquecino y la accidentada orografía volcánica de la costa de Órzola.

El lugar, la hilera de calas que conforma el Caletón Blanco, resulta un reducto auténtico en el que el reloj avanza con torpeza porque las manecillas se quedan atontadas al admirar un costado de La Graciosa y Alegranza a las 12, y el Roque del Este a las 3 de la tarde. 

Siempre fuimos con marea media o alta y esta vez queríamos saber cómo era la experiencia con marea ultra vacía. 

En esta situación para encontrar una charca en la que darse un baño tendrá que caminar hacia el horizonte, unos 200-300 metros. En el trayecto la sensación es plácida al pisar el jable húmedo (no resulta fangoso) y encuentras unos rincones al abrigo del malpaís donde dejar la toalla. 

Estás rodeado de una relajante atmósfera y mires donde mires solo aprecias la calma elevada a la enésima potencia. 

En el agua revolotean los cabosos y las rocas puntiagudas cuentan con una decoración muy chic, a base de burgaos. 

La charca tiene una profundidad mínima, el agua no alcanza la rótula. La verdad es que pasaría por dominio ideal para las habilidades de Juan el Bautista. 

Para darte el chapuzón lo mejor es acostarse como si te acomodaras sobre una hamaca.  

Desde aquí logra admirarse el Volcán de la Corona, por lo que podrías estar días en posición horizontal. 

Sin embargo, como hay que seguir de ruta, decido sumergirme en plan bautizo o más bien autobautizo.

Por el poder que me he autoconcedido...

...y me autobautizo...

...con el nombre de José Manuel. 

Tras la experiencia de hoy podemos asegurar que el baño en el Caletón Blanco esté como esté la marea es siempre delicioso. 

De vuelta al coche tropiezas con niños, padres...y abuelos. Un sitio para todas las edades. Aquí más detalles de esta cala

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