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El baño nudista en Charco del Palo

Ruge el Atlántico, siempre bravo al noreste de Lanzarote. Como si fuera el goteo rítmico de una destiladera, las olas rompen en el horizonte volcánico que ejerce de dique. La piscina sur de la cala tiene escaso diámetro, sin embargo con marea llena sobra espacio para nadar.

La charca está rodeada de diferentes bancadas escalonadas de piedra y cemento. Su disposición recuerda a los míticos anfiteatros romanos. Aquí no hay circo y salvo excepciones los actores llevan el mismo atuendo, es decir ninguno. Pisa usted suelo y urbanización nudista y queda extraño ponerse el bañador.

A diferente altura del área de descanso próxima a la piscina, el intenso jable blanquecino de la costa de Mala campea a sus anchas preñado de aulagas, tabaibas y guaridas circulares de piedra natural que le protegen del viento.

El agua entra y sale de la piscina por un vericueto que hace de canal entre esta y la costa. La zona de baño está acotada, por lo que no hay necesidad de aventurarse en la marea, el mar más allá del dique es traicionero y sin embargo aquí, en el charco, permanece manso.

Al fin va cubriéndose la piscina. Las escalinatas de piedra que sirven de acceso se hacen resbaladizas. No es imprescindible, pero no viene mal acceder al agua con las esclavas.

Sólo el estruendo del mar nos recuerda que estamos en el mundo con una banda sonora relajante. Se evapora el estrés y el recuerdo de la pita, el semáforo y las prisas.

Es el contacto con la naturaleza en estado puro, que pone en hora al reloj más oxidado. Es el poderío de Charco del Palo.