Casas rurales

Dir.La Geria

Casa Diama, hospedarse en la profundidad volcánica de Lanzarote

Texto: Josechu Pérez Niz. Fotografías: Ramón Pérez Niz. 

Algo quedó grabado en la memoria de Don Francisco cuando de chinijo viajaba en burro desde Güime a La Geria acompañando a su padre en la vendimia de agosto. Para aquel niño de posguerra española, hablamos de principios de los 40 del siglo XX, lo de levantarse y encaramarse al burrito a las 2 am para alcanzar la finca y ponerse manos a la obra cortando racimos a la fresca, deja huella.

Sin embargo, el premio al esfuerzo en forma de uva y queso es lo que hoy Don Francisco, 80 años después, recuerda con meridiana nitidez al tiempo que se le dibuja una reveladora sonrisa.

Serían los aromas a queso tierno mezclados con el dulzor de la uva o la querencia por hacer su propio vino, como su padre, los que podrían dar explicación a la locura de comprar a finales de los 70 una buena porción de hectáreas de la nada más absoluta.

El enclave en el corazón de La Geria no era lo que es hoy, un Paisaje Natural Protegido de incalculable valor. Sí eran Parque Nacional de Timanfaya (1974) las vistas inigualables de la increíble cadena de volcanes que conforman el horizonte de Casa Diama.

A La Geria le habían quitado el rofe, y en la finca que ocupa Casa Diama apenas ofrecía vida, en dos hectáreas, 12 parras desperdigadas y dos o tres higueras daban cuenta del abandono secular. 

Ni por asomo podía imaginar Don Francisco Romero González que aquella bendita locura de levantar una casona de escapada campestre familiar, para huir y desconectar del día a día, para que los chiquillos crecieran en contacto con la naturaleza, y ya de paso para elaborar su propio vino, derivaría con el paso del tiempo en una opción de turismo rural de exquisita calidad como es Casa Diama. 

Casa Diama

Hospedarse en Casa Diama resulta un privilegiado traslado a lo más salvaje e inhóspito de las riadas de lava que trajeron las erupciones de Timanfaya (1730-1736). Un escenario indomable, quebrado por la voracidad del malpaís, y acunado en exclusiva por el alisio lo que le confiere un punto extra de exasperante inquietud. 

El hogar, distribuido en dos apartamentos independientes en una amplia estructura rectangular de piedra volcánica bajo los designios de Montaña Diama, queda incrustado en medio de la nada, exactamente entre dos mundos aparentemente diferenciados pero que comparten la misma raíz, el fuego volcánico: La Geria, y su valle de malpaís transformado en cenizas, y Timanfaya que posa inerte presumiendo de figura y exhibiéndose con la estremecedora Caldera del Corazoncillo como principal protagonista de una postal única en el Mundo. 

Casa Diama también es su doble terraza que mira al festín paisajístico, su coqueta piscina, también de forma rectangular, su finca de vid y frutales que aportan un aroma embriagador, su inteligente apertura a un cielo estrellado que te empequeñece comiéndote a besos...la impronta natural del lugar contagia y te acoplas al relax y a la quietud nada más posarte en la casa. 

Las casas, Diama I y Diama II, comparten únicamente el espacio de la piscina y pueden hacer "vidas separadas", cada una en su terraza y hamacas así como de accesos independizados. Perfectamente equipadas, Diama I se diferencia de su vecina por la habitación doble, Diama II solo cuenta con una estancia, y también por la modernización de su cocina y cuarto de baño, plenamente actualizados, mientras que Diama II mantiene su estética más añeja, aunque en breve se procederá a su remodelación.  

Con estos mimbres lo suyo es proveerse de víveres como corresponde, evitando así salidas innecesarias del paraíso, no olvidar las botas de senderismo que resistan las embestidas del malpaís puntiagudo, y combinar el hacer millas en otra galaxia con el reposo del guerrero y los chapuzones de vuelta al hogar. 

Y así hicimos... 

Ocupamos las dos casas en un finde de ensueño, con la meteorología acompañando, poco viento, cielito despejado aunque mucho calor, y tras desembalar los víveres y equiparnos en concordancia, procedimos a reconocer el entorno: rodeados de rofe cuya negrura apabulla contrastando con los tonos ocres y rojizos de los volcanes que se aprecian en el horizonte, los hoyos más profundos que puedan localizarse en La Geria, las parras soñadas en alguna novela de Julio Verne, que buscan el centro de la tierra, ¿pero quién martilleó hasta allá abajo? 

Aulagas y vinagreras aguafiestas, higueras que recuerdan a las dulcerías de barrio y, entre otros estímulos, un silencio sepulcral componen el resto de ingredientes de los que nos vamos a nutrir a base de bien. 

Y cuando hablamos de nutrición, la barbacoa de Casa Diama está a nuestra disposición junto a unas cepas y unas varillas secas de las parras que servirán para dar brasa a unos chuletones finlandenses y gallegos, a los que precedieron un gazpacho elaborado por una de las huéspedes y una parrillada de verduras al horno. 

A la mañana siguiente nos consta que seguimos con vida por el latido del corazón, porque nada más se escucha, y al alba, detrás del ventanal, asoma un escenario tenebroso, muy de Stephen King, que dura lo que tardan en levantar las nubes.

Al salir al exterior sí que percibimos el ligero zumbido del motor, Casa Diama capta su energía a través de los paneles solares, el motor se activa cuando resulta necesario. Nosotros también precisamos de combustible, un desayuno contundente...

...que nos permita alcanzar el "Monolito", malpaís adentro, pero el guía no dio con la vereda y tuvimos que cambiar de objetivo. Apreciaremos el "Monolito", sí, y Casa Diama, también, aunque desde lo más alto de la montaña que le da nombre, Montaña Diama.

Las chicas y los chinijos dimitieron, y allá que fuimos, cámara en mano, por la zona más escarpada que para eso cenamos anoche chuletones...

No sin esfuerzo alcanzamos la cima. Y lo que sentimos es mejor expresarlo en imágenes. En fin, ya verán, sobran las palabras. 

De vuelta a Diama enterramos las piernas en la piscina mientras los enanos seguían con sus piruetas y juegos. A la hora del aperitivo, unas cervecitas mientras volvíamos a darle candela a la barbacoa. Sombrilla mediante en la terraza de Diama I seguimos insuflando proteína de la buena a la sufrida musculatura. 

Hay quien digiere el esfuerzo aprovechando la tv satélite, enchufándose al Giro y a Roland Garros (sí, estuvimos a finales de mayo), otros se aplican en el noble arte de la siesta, otras a la sombra de la pérgola ven una peli en la tableta...todo adornado por la tarde calurosa y silenciosa. 

Al despertar y asomarnos al infinito comprobamos que ese extraordinario paisaje vuelve a cambiar de fachada. El sol que busca el fondo del Atlántico por el suroeste ha transformado por completo el paisaje, haciéndolo más agradable y transitable.

Nos enfrentamos al cambio de manera dispar, unos buscan la mejor foto del mundo mundial, otros corren por el rofe circundando La Geria en busca del vecino pueblo de Uga...

...y los más cómodos se quedan en remojo. El paseo a estas horas es un festín para la retina. 

Los chinijos, ya saben, incombustibles, ávidos de experiencias nuevas, y la tía Gemma, didáctica y curiosona a tope, es capaz de enredarlos haciendo pellas de gofio o elaborando sus propias porciones dulces en una adaptación de aquello de "quien quiera lapas...". Quien quiera dulces que se remangue las...

Por increíble que parezca...todavía quedaba un chuletón, de vaca vieja gallega madurada para más señas, pero carecíamos de fuelle para, otra vez y sería la tercera, prender la barbacoa, así que el chuletón a la plancha. Lo digerimos dando un breve paseo hacia el exterior de la finca de cara a gozar con una lluvia de estrellas de primera. 

Otra vez tras un descanso reparador tocó desayunar mirando de frente a nuestro próximo objetivo, el ascenso a Montaña El Chupadero...

...y para allá que fuimos. A partir de ahora, nuevamente, sobran las palabras. Les dejamos con otro surtido de fotonas de Ramón...

Dio tiempo de cuatro o cinco remojones más, también para dar cuenta de un arrozazo, y hasta de contratar a un canguro con forma de Yeyo...

Dejamos las llaves en los cajetines y de vuelta a la cruda realidad echando la vista atrás. 

Echando la vista atrás volvemos al principio, a la charla previa con Don Francisco. "¿Quieres creer que vinieron 4 jóvenes de Suecia, tendrían 20 años, contrataron 10-12 noches, yo decía que no duraban tres días...y quieres creer que solo salieron para reponer víveres?", me dijo todavía incrédulo. 

Pocas opciones más potentes para conocer en inmejorables condiciones la Lanzarote más pura que en Casa Diama. 

Contratación

- Casa Diama está disponible los 365 días del año. 

- Esta es Casa Diama I

- Esta es Casa Diama II

- La tarifa de Casa Diama I (disponibilidad para 4 personas) es de 115 euros/noche (2 personas). Cada persona adicional 25 euros/persona/noche. Niños de 3 a 12 años, 10 euros/noche. Niños a partir de 12 años, 25 euros/noche. Niños de hasta 3 años, gratis.

- La tarifa de Casa Diama II (disponibilidad para 2 personas) es de 100 euros/noche. 

- Contratación mínima: 2 noches. 

+INFO y CONTRATACIÓN.