Dir.Ctra. de Guatiza-Mala, s/n
Guatiza
Plano
Horario10:00 a 17:45.
Precio5 euros.
Tfno. 928 529 397
Web
Blog Rubicón sobre Historia de Lanzarote, por Álex Brito
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El Jardín de Cactus

Arte-naturaleza de César Manrique que supuso la recuperación de un espacio, el antiguo rofero de Guatiza, que hacía las veces de vertedero incontrolado. Cinco mil metros cuadrados de jardín con más de siete mil ejemplares de diversas especies de latitudes tan exóticas como Kenia, Tanzania, Perú o Chile.

El edificio de acceso, así como las tiendas y la cafetería-restaurante, replica los taros, las vetustas chozas de los pastores, que servían de lugar de reposo. Sin embargo, el señorío lo representa el antiguo molino de Guatiza, remodelado gracias a este proyecto.

El Jardín de Cactus es otro magnífico ejemplo de arte-naturaleza de César Manrique. Como ocurrió con Jameos del Agua, la intervención en el rofero del pueblo de Guatiza, al noreste de Lanzarote, supuso la recuperación de un espacio depauperado que hacía las veces de vertedero incontrolado. Manrique deslumbra con el entendimiento que tiene del paisaje insular.

El Jardín de Cactus, pintura de Jorge Marsá

Numerosas hectáreas de los poblados de Guatiza y Mala están colonizadas por tuneras. El cultivo de la cochinilla fue un activo de la economía de Lanzarote. Antes de caer en el olvido, César replica este escenario que rinde tributo a la botánica del Mundo. Más de siete mil ejemplares de mil cien especies originarias de diversas latitudes pueblan los más de 5.000 metros cuadrados de jardín. Los roferos están inundados de plantas de Canarias, Latinoamérica con especies de Perú, México o Chile, majestuosos cactus africanos de Kenia, Tanzania y Madagascar, que se suman a algunos ejemplares de Estados Unidos.

Panorámica del Jardín de Cactus, Guatiza, Lanzarote

La experiencia naturista se vive en un marco arquitectónico impecable resaltando el encantador paseo escalonado de piedra natural, en forma de acequia, que adquiere el recorrido. Como siempre, Manrique salpica la decoración del lugar con esos detalles geniales como los fortachones portones y los elementos de iluminación con sus acabados en forma de púa de tunera. En suma, Jardín de Cactus es arte-naturaleza perfectamente integrado en el medio.

Recorriendo Jardín de Cactus

Al Jardín de Cactus se accede a través de un laberinto de piedra natural que confluye en una estructura con forma de taro. Este cuarto representa la antigua choza de los pastores, que servía de lugar de reposo durante la agobiante jornada de trabajo. El taro oculta el paisaje del jardín. Se repite una máxima manriqueña con este ocultamiento inicial. Se busca la sorpresa del visitante. El efecto, como en El Mirador del Río, se logra de manera sobresaliente. Al salir del taro, la inmensidad del jardín abierto de par en par al cielo constituye un feliz cambio de ritmo contemplativo. Desde el primer paso al exterior se obtiene una completa panorámica del itinerario que se emprenderá en breve.

Cactus, malpaís volcánico y una pequeña laguna que concentra nenúfares y peces de colores

La variedad de rutas mediante el tránsito por las escalinatas empedradas acerca al visitante a los espacios ajardinados. Es curioso observar el despliegue en forma de acequia o graderío de los distintos pasillos que albergan especies de cactus. En la enorme plazoleta, a un nivel inferior de la entrada, Manrique hace un guiño a la pasada actividad extractiva de picón (rofe) con la disposición de una serie de monolitos con este material compactado. Esta postal contrasta con unas pequeñas lagunas de suave color verde cuyas aguas concentran diversos nenúfares y peces de colores.

El recorrido a diferentes niveles en forma de acequia

En función de la curiosidad del visitante, la ruta puede extenderse alrededor de una hora. Hay tiempo durante el recorrido de hacer algunos "breaks" en las hermosas tiendas y cafeterías. Estos espacios permanecen abiertos al público en unos simpáticos edificios abovedados de piedra natural. No deje de ascender al punto más alto del Jardín de Cactus, donde se asienta señorialmente el antiguo molino de Guatiza. La apertura del Jardín de Cactus en 1990 trajo consigo la remodelación de este bello edificio. Desde entonces se mantiene impecable. En los dominios del molino redondeará la experiencia de arte-naturaleza comprobando el buen ojo de César Manrique: el increíble paisaje de Guatiza y Mala, bañado de tuneras y las coquetas casitas de blanco, hace comprender la conexión del artista lanzaroteño con su territorio.   

El mejor momento para visitar Jardín de Cactus

Al contrario que Los Jameos o Las Montañas del Fuego, este centro turístico cuenta con un tráfico de visitantes que no satura el espacio. Aún así, la dirección recomienda en los meses de mayor afluencia a la isla (julio, agosto y septiembre) visitar el Jardín de Cactus en horario de tarde (tras el almuerzo) para evitar aglomeraciones.

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