Dir.C/ La Florida, 89
El Islote
Plano
HorarioTodos los días de 10:30 a 18:00 horas.
Tfno.928 593 001
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Bodegas La Florida

Además de bodega La Florida ejerce como centro de experiencias volcánicas. La tradicional casona canaria, pulcramente conservada, abre su finca a los visitantes para situarlos ante el ingenioso cultivo de la vid en Lanzarote. 

El marco quebrado por el malpaís, aparentemente estéril, es de suma belleza por su caprichosa morfología y contraste de texturas y colores. Como corresponde, la casa tiene salón de catas. 

Más allá del vino, el espacio innova con talleres de corte de aloe o uva, su trituración y posibilidad de masaje terapéutico con el producto resultante inmerso en un jameo volcánico.  

Más que una bodega, que lo es, La Florida ejerce como centro de experiencias volcánicas. Se vale de una robusta edificación tradicional de 260 años que transpira encanto por todos su poros asentada en el pueblo de El Islote, tierra de lava, cenizas y parras. Alrededor de la casa señorial se extiende la finca vitivinícola entre grietas volcánicas e hileras de malpaís que acogen la plantación de uva. 

La casa con más de 260 años pulcramente conservada

El itinerario cultural que propone el recinto le permitirá imbuirse en las entrañas del ingenioso cultivo de la vid sobre picón (rofe) volcánico y concluir con una cata de sus caldos. Con tal fin, la dirección abre su finca a la entera disposición del visitante. Tiene a mano un agradable sendero de aproximadamente medio kilómetro que le situará entre las parras. Observará cómo la planta se hunde en el picón nutriéndose de la humedad de las cenizas, mientras que el malpaís y su cualidad porosa la mantienen a salvo del calor. 

La visita incluye un sendero que permite acercarse al ingenioso sistema de cultivo de vid de Lanzarote

Mucho más que vino

Aunque su sello distintivo procede del paisaje de La Geria y la relación con la vid, Bodegas La Florida es mucho más que vino. En el salón de catas luce con orgullo el viejo lagar y hay hueco en la tiendita anexa al expositor de vinos para los productos culinarios de sabor autóctono: mermeladas, quesos... Esta zona gastronómica tiene conexión con un rincón didáctico disponible para talleres artesanales itinerantes.

El lagar en el salón de catas

El exterior de la casona se aprovecha con una espaciosa terraza, bien orientada para evitar el alisio, con barricas de vino en forma de mesa y taburetes altos de madera. La terraza mira al drago que preside la finca (el segundo más antiguo de Canarias) y a otro tipo de plantaciones, como el aloe vera que complementa el cultivo de la vid. 

Si el propósito de la infraestructura cultural es sentir el volcán, esta relajante conexión se facilita prestando el servicio de masaje con aloe vera, cobijado bajo una grieta volcánica espectacular, y la opción de una sesión de burbujas en una inmensa bañera de hidromasaje rodeada de una masa ingente de malpaís. Un buen ejemplo de las experiencias diferenciadoras que ofrecen es la enseñanza del corte de aloe o uva, su trituración y posterior masaje de una hora con el producto resultante (70 euros).   

Grieta volcánica que se aprovecha como espacio de relax: masajes y jacuzzi entre lava

El formato de la visita, da igual la fórmula escogida, debe acabar como merece, degustando o catando los vinos de esta bodega. La casa ofrece el malvasía volcánico y tinto, a 1,5 y 2,5 euros la degustación y cata respectivamente, y los moscateles añada y solera a 3 y 4 euros. El sabor y aroma del caldo se funden con la postal de lava, picón y parras que se obtiene desde la terraza.