Excursiones

El sendero transcurre entre coladas y cenizas volcánicas que contrastan con la impactante paleta de colores de las Montañas del Fuego.
DificultadBaja.
DistanciaDos kilómetros.
RecomendacionesCalzado de senderismo. Crema solar. Agua.

Tremesana

Preciosa travesía de senderismo que transcurre entre coladas volcánicas del Parque Nacional de Timanfaya. La ruta cuenta con guía que interpretará el escenario geológico. El caminante explorará un territorio quebrado por la furia eruptiva de las Montañas del Fuego (1730-1736 y 1824). Contemplará el valle de cenizas de rofe, cordajes y malpaís volcánico.

Por si fuera poco, experimentará la increíble sensación de adentrarse en burbujas volcánicas subterráneas, al tiempo que apreciará el alegre crisol de colores que baña Timanfaya, una estampa más propia de Marte. Se sorprenderá del ingenio humano, capaz de extraer fruta (uva, higos y moras) de una tierra aparentemente infértil.

Reservar plaza para sendero.

 

El sendero de Tremesana transcurre en el Parque Nacional de Timanfaya, entre las bellas montañas de María Hernández, Encantada y Tremesana. En apenas dos kilómetros de distancia recorrerá un majestuoso paisaje bañado de diferentes formas volcánicas. La ruta está organizada por el Centro de Visitantes de Mancha Blanca y cuenta con guía que interpretará el escenario. Se ofertan ocho plazas gratuitas todos los lunes, miércoles y viernes (reservar plaza). Las descripciones in situ redondean una experiencia novedosa, ya que facilita conocer el fenómeno geológico de las Montañas del Fuego.

Senderistas en Tremesana

Las erupciones de Timanfaya acontecieron entre 1730 y 1736. La actividad sísmica tuvo un nuevo episodio eruptivo de tres meses en 1824. Las más de 5.000 hectáreas de mar de lavas de Timanfaya se deben en su mayor parte a las erupciones del siglo XVIII. Una descomunal grieta (ruptura del suelo terrestre) de unos veinte kilómetros trajeron consigo un vómito de coladas volcánicas continuado que sepultó numerosos poblados. Entre otras localidades bajo tierra, Chimanfaya, se conoce como el Parque Nacional de Timanfaya.

Paseo entre cenizas, "aa" y "pahoehoe"

La travesía por Tremesana, con el descubrimiento guiado facilitado, permite observar la edad de la lava. El malpaís que pica los pies, "aa", y los cordajes más rugosos de "pahoehoe" conviven entre inmensas bolsas de ceniza volcánica. La variedad de materiales, fundidos como una sola pieza en buena parte del paisaje, se expone a las duras condiciones climáticas de Lanzarote: sol, humedad y viento. En este escenario tan devastado cuesta creer que pueda brotar vegetación alguna. Aunque de manera muy tímida tropezará con algunas poblaciones de tabaibas, amargas y dulces, y siempre llama la atención la presencia del líquen (una finísima florecilla verde) colonizando alegremente las lavas de malpaís.

Timanfaya por Tremesana, pintura de Jorge Marsá

Entre otras sorpresas que depara esta jornada de senderismo, tendrá la experiencia de adentrarse en un tubo volcánico. Resulta una sensación singular y se nota la risilla nerviosa del caminante cuando por fin descansa guarecido bajo un techo de lava. Este confortable recoveco de apenas una decena de metros cuadrados constituye una ramificación de un tubo volcánico mayor, que partió, cuenta la guía, un kilómetro más al norte.

Inmersos en un tubo volcánico

Una postal de Marte...con higueras

Dejando atrás las montañas de María Hernández y Encantada, el caminante se introducirá de lleno en una postal de Marte. Encarando Caldera Rajada y Montaña Rajada, el escenario se torna en crisol de formas y colores: un mar de lavas entremezclado con cenizas volcánicas, malpaís, cordajes y las montañas ocres y rojas componen una fotografía única. Es un momento sublime que se extiende hasta que alcance el final del sendero.

Un paisaje lunar en las entrañas de Timanfaya

A pesar de la duras condiciones del territorio se comprueba que la mano del hombre no conocía límites. Las inmensas bolsas de ceniza volcánica tienen la particularidad de concentrar la humedad lanzaroteña. Aunque aparentemente pueda resultar paradójico, la postal de lava es fértil. Si La Geria, espacio circundante a Timanfaya, concentra la mayor plantación de vid de la isla, aquí, en plenas montañas del Fuego, la riada de higueras, morales y guayaberos puebla el valle de cenizas. Al lado de estas higueras, de manera sospechosa, siempre luce hermosa una solitaria palmera. La sombra de ésta procuraba un descanso sin sol al jornalero.

Otro ingenio: los higos o tunos corrían el riesgo de quedar pasados si no se secaban convenientemente. En medio del paisaje lunar surgen los paseros. Con apariencia de hornos y construidos con piedra volcánica sus techos acogían la fruta hasta que se secaba para su posterior transporte a Yaiza o Uga.

La ruta de los volcanes

Entre aromas frutales, el paseante alcanza montaña Tremesana. Mirando al norte se adivina Timanfaya, el centro turístico. Con montaña Rajada en el marco, la panorámica quita el hipo. Sin embargo, uno mira la ruta de los volcanes y saca cuentas. No hay color entre una y otra experiencia. No es lo mismo mirar que atravesar, palpar y sentir. Se entiende la fuerte demanda por este sendero. Alrededor de tres mil personas cada año disfrutan de esta travesía. Muchas se quedan con las ganas. Se recomienda hacer la reserva de plaza con al menos un mes de antelación.

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