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En Vientos del Sur

Luis Arencibia, autor de Lanzarote Trails, ejerció de enviado especial en Vientos del Sur. La vivencia tuvo lugar entre 25 y 26 de noviembre de 2014. En formato highlights nos ofreció pinceladas de lo mejor de su hospedaje en este barco-hotel.

Martes 25 de noviembre, 17:34 pm

Recién llegado a Vientos del Sur. Después de un rico almuerzo a base de cus cus y Prothos con Raquel y Jorge, salimos a navegar para aprovechar los últimos rayos de sol. Viento suave y fresco. Mar en calma. No se puede pedir mejor comienzo de la estancia en el barco-hotel

20:16 pm: El Vientos del Sur tiene una de esas historias que sólo puede tener un barco, por su condición de objeto que se mueve, y además flota, y además alberga sueños.

Fue mandado a construir por una pareja americana ya entrada en años con la intención de dar la vuelta al mundo, pero esta vez, tras unos años en el Mediterráneo, el sueño acabó encallado en La Graciosa. Total que el barco, según me cuenta Jorge, acabó en manos de su familia, y el acabó dedicando tres años de su vida a recomponer sus entrañas de acero carcomidas por el salitre.

Se nota todas estas toneladas de cariño invertidas en cada rincón del Vientos del Sur, y yo ya me siento en casa nada más llegar.

23:07 pm: Probablemente hayan muchos tipos de veleros, pero para un profano como yo una buena clasificación general puede ser entre aquellos en los que reina lo moderno, y aquellos en los que prima el encanto. El Vientos del Sur es de los segundos.

El casco de acero queda cálidamente recubierto por la abundante madera que se extiende tanto por cubierta como dentro de los camarotes. Se aprecia rápidamente que se trata de un barco hecho en su momento para ser vivido, no para las prisas.

De hecho, en cuanto cae la noche, el ritmo mental se ralentiza, sólo alterado momentáneamente por las animadas conversaciones de los restaurantes del puerto.

Miércoles, 26 de noviembre, 06:35 am

Vientos del Sur está atracado en Puerto Calero. El pequeño pero exclusivo casco turístico tiene una suerte de microclima, que lo cobija permanentemente del alisio tradicional de Lanzarote. Si no fuera porque la mañana siguiente obliga el trabajo nos habrían dado las x en cubierta, con una noche quieta y sensual sin parangón.

Toca descansar. Los camarotes son pequeñitos, pero acogedores. Uno de ellos con cama doble y el otro con dos individuales. En cierto sentido es como meterte en una cápsula o envasarte al vacío y el descanso es pleno. Las imperceptibles ondas marítimas ayudan a arrullarte.

Toca desayunar. Cómo no, en cubierta que hace de imán. Sin duda es la estancia donde pasará más tiempo. Los primeros rayos de sol alumbran Los Ajaches con el café humeante.

Tras cargar las pilas una carrerita por el paseo marítimo. Un trote de 20 minutos que al tiempo que activa las endorfinas trae el regalo de presenciar el despertar del puerto: los barcos encediéndose, las excursiones turísticas iniciando los preparativos de las travesías e Isla de Lobos y Fuerteventura adivinándose en el horizonte.

La noche en el barco-hotel reúne confortabilidad y distinción, resulta diferenciador y original, y Vientos del Sur logra cautivar por su arista de viejo lobo de mar. Un goce absoluto.