Lanzarote fue declarada Reserva de la Biosfera en 1993.

Un 42% de su superficie se mantiene protegida.

Entre otros valores, la Unesco reconoció la especial relación del isleño con su territorio.

Restaurante El Risco, La Caleta de Famara
Restaurante La Marea, Playa Honda, Lanzarote
La Bohemia
Restaurante El Marinero de Arrieta
Paisaje de celuloide. Cine rodado en Lanzarote

Reserva de la Biosfera

Con diferentes figuras y distintos grados, buena parte de Lanzarote está protegida medioambientalmente. El espacio natural no se circunscribe a una zona geográfica sino que se extiende en todas las latitudes: Timanfaya y La Geria en el centro de la isla, Los Ajaches al sureste y La Corona al norte componen sus franjas más atractivas y distinguidas.

Coincide la declaración de la isla como Reserva de la Biosfera (octubre de 1993) con el reconocimiento a la obra de arte-naturaleza de César Manrique y la especial relación del habitante con su medio: desde sus cuidadas y curiosas formas de cultivo agrícola a la cultura de ahorro del agua.

Un 42% de la superficie total de Lanzarote está protegida. La naturaleza permanece invariable mediante las diferentes fórmulas y distintos grados de preservación natural que pesan sobre el territorio. En este sentido, la isla de los volcanes mantiene un status quo fuertemente ligado al campo de la ecología. Además, el espacio protegido no se localiza en un único punto, llámese Timanfaya, sino que se extiende por toda su geografía: Los Ajaches al suroeste, La Geria, el Monumento Natural del Volcán de la Corona al noreste...En suma, Lanzarote configura una estampa natural de indudable valor.

Cadena de volcanes de Timanfaya

No obstante, la declaración de la isla como Reserva de la Biosfera en 1993 fue posible por otras variables significativas. Entre ellas sobresale el ímpetu de César Manrique. El artista logró contagiar al gobierno insular y regional para que la Unesco reconociera el esfuerzo medioambiental de Lanzarote. Pesó, y mucho, la propia obra manriqueña. El arte-naturaleza que caracterizó a sus intervenciones, mimetizadas en el paisaje insular, que pusieron en valor los activos naturales de la isla de los volcanes: desde Jameos al Jardín de Cactus

Charco de los Clicos, El Golfo, Lanzarote

La mano del hombre

Con el título de Reserva de la Biosfera, Lanzarote y sus habitantes vieron reconocida su sacrificada convivencia. La cuidada relación del isleño en su trabajo agrícola y ganadero, su relación con el mar, la cultura del agua (el ingenio humano frente a la sequía) o la gracia de su arquitectura popular, redondearon los argumentos que hicieron posible la declaración de la Unesco.

La particular forma de cultivo de la vid en La Geria

Cuando se cumplen dos décadas de la concesión del premio, Lanzarote mantiene sus principales signos identificativos al respecto. Sin embargo, mantiene unos retos que pusieron en solfa su camino en clave sostenible. El urbanismo desmedido derivó en un incremento poblacional sin los preceptivos ajustes en los campos del agua, los residuos o el transporte. Hoy en día, la isla muestra unas tasas preocupantes en estas áreas medioambientales.

20 años después, la isla afronta esta tesitura con el viento a favor. Los límites al crecimiento turístico en sus instrumentos de planeamiento permiten avances en estas materias. Esta necesaria travesía ve forma en el robustecimiento del Complejo Ambiental de Zonzamas o los tímidos pasos adelante en el sistema de transporte público insular.

Red de senderos naturales, Tremesana, Lanzarote

Otra asignatura pendiente proviene de la puesta en uso de la red de espacios naturales. Gradualmente, muchas figuras decorativas (reserva marina de Archipiélago Chinijo por ejemplo) se están abriendo al consumo ordenado: una travesía marítima por Alegranza o el mapa de senderos naturales amplían el contacto del visitante con la naturaleza volcánica de Lanzarote.

Con mucha tarea por hacer, la isla de los volcanes va ajustándose a una de las máximas de las reservas de biosfera: la relación respetuosa del hombre con el medio natural.