El Charco de San Ginés

El aire marinero de Arrecife corresponde en buena medida a la bella postal del Charco de San Ginés. Una ribera que se adentra en la ciudad y sobre la que gira el dinámico casco histórico de la capital de Lanzarote.

La figura de la charca de San Ginés tiene un encanto particular con la nutrida colonia de embarcaciones tradicionales posada en su seno y la simpática arquitectura del lugar. El Charco es su laguna, pero también la avenida con forma de anillo que la rodea erigiéndose en la principal zona de esparcimiento de la ciudad: el paseo, la bicicleta, la travesía en kayak...

El carácter marinero de Arrecife obedece a la bella postal del Charco de San Ginés. Una ribera natural con aire pesquero que se adentra en la ciudad y alrededor de la que gira el dinámico casco histórico de la capital de Lanzarote. Vecino de la iglesia de San Ginés, del conjunto histórico del Puente de las Bolas y del Castillo de San Gabriel, y de la concurrida calle Real, el Charco es parada obligatoria dentro de su visita a Arrecife.

Panorámica de la ribera del Charco de San Ginés

La estampa de la laguna con una nutrida colonia de embarcaciones tradicionales es su principal activo. Resulta un paisaje singular con el añadido de la simpática arquitectura del lugar: unas casitas blancas con sus ventanales, portones y pérgolas de madera en tonos azules o de suave verde.

Deporte y cañas

La avenida con forma de anillo que rodea al Charco proporciona un ambiente de vidilla permanente. Su esencia peatonal ha consolidado a esta ribera como uno de los pulmones principales de esparcimiento de la ciudad. El saludable paseo convive con el jogging, los patines y las bicicletas. En lo que se refiere a deportes náuticos, sólo se observa la travesía regular en kayak. Una desastrosa canalización de las aguas de los hogares circundantes mantiene el cartel de "no apta para el baño". Hasta que no se arregle, la charca sólo puede contemplarse.

Pintura de Jorge Marsá del Charco de San Ginés, Arrecife

El deporte va de la mano del ocio gastronómico y de terracitas. La oferta de tapas, restauración y copas del Charco está en pleno auge. La hilera de terrazas de su cara oeste, la más resguardada del viento, se consolida como lugar de arrancadilla nocturna. En su franja central destacan Naia, La Miñoca y La Raspa, y algo más al norte las terracitas de la ribera. En el Charco localizamos a uno de los referentes de la restauración insular, La Puntilla. La perspectiva de este enclave en los fines de semana es disfrute al aire libre, tapitas y cañas.  

Tradición pesquera

La actividad pesquera del Charco de San Ginés fue creciendo durante los siglos XVI y XVII. Su acceso al mar desde un pequeño puerto le confirió cada vez mayor importancia desde el punto de vista económico. Una transformación que derivó en el cambio de la capitalidad de Lanzarote, que pasó de Teguise a Arrecife en 1798. La tradición marinera se mantiene en la laguna, y son frecuentes a su alrededor las conversaciones sobre embarcaciones o la pesca de la mañana. El Charco rememora estas costumbres ligadas al mar, las regatas de jolateros (barquitos pequeños construídos con la hojalata de un solo bidón de combustible), durante las fiestas anuales de la capital, las fiestas de San Ginés (25 de agosto de cada año).

Panorámica nocturna del Charco de San Ginés, Arrecife de Lanzarote

El mejor momento para disfrutar del Charco en todo su esplendor coincide con los atardeceres de cualquier día, excepto los domingos (ese día Arrecife queda huérfana de viandantes). El ambientazo nocturno de los viernes y sábados también es reseñable. Para diurnos, el sábado al mediodía, coincidiendo con el mercadillo popular del casco histórico, la capital cobra un aspecto encantador que invita a ser paseada.

Más sobre el Charco de San Ginés:

- Dibujo, por Bárbara Müller. 

- El Charco de Arrecife a marea vacía, pintura de Jorge Marsá. 

- Paseo fotográfico, por Ramón Pérez Niz. 

- Al lado del Charco...La iglesia de San Ginés (I y II), por Álex Brito.

- Pero, ¿qué pasa en El Charco? y Aperitivo en el Charco, por Josechu Pérez Niz. 

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