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Dir.Camino Las Rositas

Plano

El Mirador de Yé

Encantador rincón contemplativo de una de las postales más atractivas de Lanzarote. Localizado en uno de los vertientes del risco de Famara, a 400 metros de altura, la panorámica del Océano Atlántico con las islas del Archipiélago Chinijo en el horizonte resulta sublime.

En una vereda empedrada de malpaís procedente del Volcán de la Corona, el cuadro resalta a La Graciosa (única isla habitada de Chinijo) como principal protagonista. Ese manchón dorado que inunda su geografía y el contraste marítimo del Río, brazo de mar que separa a Lanzarote de este Archipiélago, es puro deleite.

Del minúsculo pero encantador Mirador de Yé se obtiene una de las panorámicas paisajísticas más deslumbrantes de Lanzarote. La del río que separa la ínsula conejera del Archipiélago Chinijo: un conjunto de islas y peñascos situado a una milla náutica de la isla de los volcanes. Las islas que componen este archipiélago son La Graciosa, Montaña Clara, Alegranza y el Roque del Oeste (el Roque del Este, el otro peñasco de Chinijo, queda fuera del prisma de este lugar).

Panorámica de La Graciosa desde el mirador de Yé

El Mirador de Yé se localiza en el camino de Las Rositas, justo a la salida de este pueblo norteño en dirección al poblado vecino de Guinate. Una vereda empedrada de malpaís procedente del Volcán de la Corona le situará en este punto del risco de Famara. La cota es de 400 metros de altura. El mirador conforma la salida y llegada del sendero de Los Gracioseros. Una travesía zigzagueante que permite descender-ascender el acantilado. La ruta servía de comunicación a los habitantes de La Graciosa. Hoy constituye un desafío de ocio que nos posibilita un chapuzón en una de las playas más exóticas de Lanzarote: Playa bajo el Risco.

Desde este balcón natural, La Graciosa se asemeja a una maqueta. Sobre todo cuando detectamos la simpática fisonomía del poblado de Caleta del Sebo (capital de La Graciosa, la única isla habitada de Archipiélago Chinijo). Las sutiles pinceladas blanquecinas de los rompientes de las olas de Montaña Amarilla se muestran sugerentes e invitan a coger el barco ipso facto. La enigmática Montaña Clara con el pedrusco del Roque del Oeste a su lado, y el misterioso contorno de Alegranza, unas pocas millas más al norte, redondean una estampa primorosa.

El risco de Famara con su rica biodiversidad

Chinijo concentra nuestra atención, pero merece la pena mirar hacia el majestuoso risco de Famara. Este acantilado de 22 kilómetros atraviesa la isla desde Punta Fariones al céntrico municipio de Teguise. El risco concentra una rica biodiversidad de flora y fauna. Durante nuestras visitas es frecuente coincidir con el vuelo de las pardelas cenicientas. Desde el mirador también pueden vislumbrarse con nitidez la playa bajo El Risco y las vecinas salinas del Río. A diferencia del vecino Mirador del Río, obra pública de César Manrique, la panorámica se consume en soledad. No tenemos los detalles artísticos de Manrique, pero quizá nos imbuimos del marco natural en mejores de condiciones. El acceso, además, es gratuito.