El Monumento Natural del Volcán de la Corona

El cono volcánico de seiscientos metros de altura reina en el pueblo de Yé, al norte de Lanzarote. Un espacio que en su conjunto constituye una unidad geomorfólogica de gran interés científico. Los vómitos de lava de hace milenios dibujaron un extenso valle de malpaís que inunda el norte lanzaroteño en dirección a la costa noreste.

El enclave tiene un encanto particular con las pocas pero coquetas casas de Yé y los terrenos circundantes cultivados con vid, tuneras e higueras. Sin embargo, la figura de la montaña resalta por encima de todo con su cúspide resquebrajada y el alegre crisol de colores que convive en sus dominios.

Casi mil ochocientas hectáreas (1797,2) conforman el Monumento Natural del Volcán de la Corona. El cono volcánico de seiscientos metros de altura reina en el pueblo de Yé, al norte de Lanzarote. Un espacio que en su conjunto constituye una unidad geomorfólogica de gran interés científico. Los vómitos de lava de hace tres milenios dibujaron un extenso valle de malpaís que inunda el norte lanzaroteño en dirección a la costa noreste. La erupción amplió los límites de esta franja de litoral de la isla en veinte kilómetros. El escenario de lava se enriquece con la simpática presencia del líquen posado en ésta: una florecilla que echa raíces sobre los sustratos volcánicos.

El Volcán de la Corona reina y gobierna el monumento natural del norte de Lanzarote

El enclave tiene un encanto particular con las pocas pero coquetas casas de Yé y los terrenos circundantes cultivados con vid, tuneras e higueras. Sin embargo, la figura de la montaña resalta por encima de todo con su cúspide resquebrajada y el alegre crisol de colores que convive en sus dominios. Al volcán se accede a través de un sencillo sendero que parte del centro del poblado. En apenas media hora alcanzamos la caldera, desde donde se obtiene una espectacular panorámica de todo el espacio natural protegido.

La caldera resquebrajada y multicolor del Volcán de la Corona

El túnel de la Atlántida

En el área de protección de este paraje se encuentran Los Jameos del Agua, La Cueva de los Verdes o la maravillosa cueva de los siete lagos. Tienen íntima relación con el Volcán de la Corona. Más que relación, conexión subterránea. El túnel de la Atlántida del que forman parte Jameos y Los Verdes procede de la última sección del tubo volcánico de La Corona. La singularidad de este túnel ha atraído a cientos de científicos que han estudiado su rica biodiversidad desde el siglo XVIII. De hecho, este tubo volcánico es el de mayor dimensión submarina del mundo con una longitud de 1.600 metros.

El valle de malpaís y el Volcán de la Corona, Yé, Lanzarote

Aunque resultan recomendables el asalto a la cúspide del Volcán y el descenso a La Cueva de los Verdes, no son citas imprescindibles para degustar el paisaje del Monumento Natural. La travesía en coche por la zona y algunas paradas estratégicas en Yé y en la carretera que une este pueblo con la localidad de pescadores de Órzola depara un encuentro con escenarios increíbles de lava y vegetación. Entre las estampas más peculiares resalta el contraste del valle volcánico con el jable blanquecino de las playas de Los Caletones (conocidas en Lanzarote como el Caletón Blanco).

Numerosos endemismos como la tabaiba dulce y el verol brotan entre las coladas volcánicas del malpaís de La Corona

Llama la atención el desarrollo de numerosas especies endémicas alrededor del malpaís. El terreno quebradizo concentra multitud de tabaibas dulces, veroles y espinas. Los vestigios de vida natural se complementan con las cientos de hectáreas de vid. Las parras de uva mantienen la particular forma de cultivo de Lanzarote. Las gerias, hileras semicirculares de piedra volcánica (con el líquen verde incluido), protegen del viento y procuran las mejores condiciones ambientales para que la uva acabe en un buen malvasía. En el pueblo de Yé hay unas bodegas en las que puede degustarse este vino blanco, que se sirve bien frío.

Desconcertante panorámica del risco de Famara y las casitas de la Caleta del Sebo, capital de La Graciosa, desde la caldera de La Corona

El poblado aparenta estar deshabitado. Un silencio sepulcral rodea el lugar. Una calma que sólo se rompe por los ladridos de los perros y los cacareos de los gallos y gallinas. En suma, el paseo por el Monumento Natural de La Corona contiene un atractivo turístico de primer orden. La ruta por el norte lanzaroteño debe incluir el paso alrededor del volcán y el inmenso valle de malpaís. A escasos dos kilómetros de Yé se localiza el Mirador del Río: obra arquitectónica de César Manrique desde el que se contempla el risco de Famara, el Río y la espectacular estampa de las islas del Archipiélago Chinijo.

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