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Dir.C/ Elvira Sánchez, s/n,
Haría
Plano

Eulogio, el hombre que susurraba a las palmeras

* Amanece en el valle de Haría, pintura de Jorge Marsá

A apenas un centenar de pasos de la Casa-Museo de César Manrique de Haría se abre el almacén del maestro cestero Eulogio Concepción. Sus puertas, en efecto, están abiertas de par en par, sin embargo el señor no está, "bajó a hacer unos recados", me dice su hija para recomendarme un paseo de aproximadamente una hora. 

En cualquier otro lugar la espera me hubiera impacientado para aplicarme a los cinco minutos la vieja máxima de Larra "vuelva usted mañana", pero Haría tiene esa elegancia que anestesia al impetuoso: esperé caminando por las preciosas calles del pueblo norteño, entre portones, postigos, pajaritos cantando y el impresionante palmeral que una cuadrilla de valientes podadores de Gesplan está embelleciendo podando sus ramas más viejas.

Si el mundo es un pañuelo, imagínense Lanzarote: entre los hábiles que se encaraman a las espigadas palmeras se encuentran dos vecinos de Arrecife que me preguntan qué se me perdió en Haría. "Vengo a ver a Eulogio el cestero", les comento, para advertirme que el mismo Eulogio es el destinatario de los pírganos que están podando. 

A unos pasos del almacén del cestero aparece el material acumulado tras la poda. Esta es la base del trabajo de Eulogio, que revisará las palmas antes de rasparlas de cara al posterior trabajo manual que terminará en cesta: de la fruta, de la ropa...

Llega Eulogio, vigoroso, me da la mano con firmeza al tiempo que me mira a los ojos para preguntarme de dónde soy y responder por mí a través de una repregunta: "¿Del puerto (Arrecife)? Siéntese, siéntese y pregunte", remata.

A la vera de Eulogio hay un calendario de 2015 y un reloj que marca las 17:25 cuando son las 12:10. La verdad es que me da que pensar, pero debo confesar que lo único que se me ocurrió, ante la hoja del almanaque y el reloj en deshora, fue preguntar su edad: 86 años. 

El maestro afila el cuchillo para aplicarlo sobre cada vara limando todas las impurezas. "¿Cuándo empezó? ¿Quién le enseñó?", acerté a continuar la conversación. Respondió con un viaje en el tiempo que me llevó a esa isla que muchos que no la conocieron, ni la sufrieron evocan con nostalgia abrazados a que cualquier tiempo pasado fue...mejor. 

Le enseñó su padre y empezó con apenas 18 años. Eulogio asegura que conoce todas las palmeras del norte, Haría-Máguez-Los Valles-Manguia, porque ejerció de medianero en Manguia, en el cortijo de El Mojón, de sol a sol por 15 de las antiguas pesetas. 

Tuvo suerte porque los señores de las casas supieron ver su maña con los pírganos y le encargaban cestos para el cortijo (principalmente para las piñas) y los almacenes de labranza. "La primera cesta fue para José Lasso, que la quería para poner sobre sus borriquitos", recuerda para rememorar dónde dormía en aquellas maratonianas jornadas: "en las gallerías y en la cuadra del camello, con el miedo que le tenía a este animal no pegaba ojo". 

Toda una vida

Eulogio asegura que hoy está realmente imposible seguir con la tradición, "preferimos el plástico de los productos chinos y que se nos pase la fruta por no gastar algún duro más". "Yo a quien más vendí era a los extranjeros que vivían aquí. A los de aquí es más difícil porque creen que me hago rico", señala con retranca. 

En los 60 el maestro buscaba la fórmula para seguir raspando el pírgano y crear las cestas: "Trabajaba en mis tierras, fui el primer responsable de la Sociedad de Haría que cada fin de semana tenía que abrir para los bailes y con el poco tiempo que tenía...al pírgano". 

Entre los cientos de encargos recibidos recoge la curiosidad de una señora que le pidió que le hiciera "las lámparas de la casa de César Manrique, la de ahí al lado". "¿Y las hizo?", pregunto, "hombre, pues claro, tuve yo que entrar al museo para ver cómo eran". 

"¿Y ahora? ¿Por qué sigue?". "Si llega el día en que no trabajo con los pírganos será porque estoy malito...muy malito", asegura. "Según el día, también por la luz y si tengo buen material o no, pero unas horitas bien tempranito y otras cuando cae la tarde como mínimo...". 

Eulogio Concepción es artesanía en estado puro. Como acaban de leer cada día abre su almacén y se pone a dar forma al pírgano hasta crear una cesta. Verlo en acción es un auténtico lujo y de paso si les hace falta un cesto que mantenga en condiciones a la fruta de su casa...pues ya sabe. 

¿Dónde pueden localizarlo? Unos cien metros de la Casa-Museo de César Manrique de Haría (en dirección contraria al centro del pueblo). Mapa