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Puente de las Bolas-Castillo de San Gabriel

El icono de la ciudad de Arrecife, bañado por el litoral capitalino, es el testigo inmutable del devenir de la ciudad. El Castillo de San Gabriel (s. XVI) asentado en uno de los islotes de la bahía ejerció de fortín frente a la piratería del norte de África de la época. 

La conexión de este islote con la ciudad se produjo en el siglo XVIII mediante la edificación del Puente de Las Bolas, una simpática estructura de piedra apilada rematada con las dos bolas. 

Aunque distanciados (200 metros aproximadamente), los dos elementos se contemplan como una unidad entrelazada por dos vías empedradas que engarzan la costa con los dominios del castillo.

Testigo inmutable del devenir de Arrecife, el conjunto histórico del Puente de las Bolas y el Castillo de San Gabriel es el símbolo de la capital de Lanzarote. Bañada por el litoral arrecifeño la estructura arquitectónica conforma la huella del relato de esta ciudad, que ejerció de fortín ante los ataques piráticos del siglo XVI y vio alumbrar el comercio pesquero. 

Puente que une Arrecife con el islote donde se asienta el Castillo de San Gabriel

Resulta imposible disociar al monumento del mar, ya que tanto el puente como la fortaleza forman parte de la bahía. Aunque distanciados (a unos 200 metros aproximadamente), los dos elementos se contemplan como una unidad entrelazada por dos vías empedradas que conectan la ciudad con el islote donde se asienta el castillo. Podrá acceder libremente desde la avenida capitalina por el puente norte (el que le dirige a Las Bolas) o del parque Ramírez Cerdá que da al puente sur.

El Puente de Las Bolas, Arrecife. Fotografía de Ramón Pérez Niz

Balcón al mar 

Admirar la obra de piedra natural apilada en la doble columna rematada con las bolas le obliga a tomar el camino norte. Una vereda, también de piedra, entre pequeñas murallas le dirige a San Gabriel. En medio un brazo de mar en el que se aprecia la corriente marítima que atraviesa los ojos de los puentes. Con suerte coincidirá con la chiquillería que asalta el monumento de las bolas en busca de un lúdico salto al mar. 

Panorámica del Castillo de San Gabriel desde el parque Ramírez Cerdá

Ya en el castillo, ahora mismo adaptándose sus instalaciones para acoger el Museo de la Historia de Arrecife, entre los cañones apostados en su plaza principal obtendrá una completa panorámica de la fascinante marina arrecifeña. Al norte un solitario catamarán en medio del mar y el islote del Francés, derruído y pidiendo agua por señas, y al sur el muelle de la pescadería con sus barquitas fondeadas, el otro islote en vergonzoso desuso de Fermina y el Arrecife Gran Hotel. No sólo sorprenden las vistas sino el silencio relajante que inunda el lugar, a apenas 400 metros de la bulliciosa calle Real capitalina. 

Conjunto histórico iluminado, mirada de la ciudad espectacular

La visita obligada a este conjunto histórico debe continuarse por la avenida capitalina en dirección a la iglesia y el Charco de San Ginés. Esta coqueta ribera constituye hoy uno de los pulmones de ocio más importantes de Arrecife, donde conviven en alegre armonía el deporte y la gastronomía.

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