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[Cine en El Almacén] “Dame Veneno”: Dadme una chinita y moveré todo el panorama musical

Cuándo: Miércoles 15 de agosto, 19:00. Jueves 16 de agosto, 21:00. Dónde: CIC El Almacén, Calle José Betancort, 33, Arrecife (mapa). Precio: 3 euros.

Luis Arencibia Verdú

El que para la mayoría de los críticos es considerado como el mejor disco de pop español de la historia (por delante de Mediterráneo de Serrat, por ejemplo) se grabó en un día.  Más precisamente, al segundo día. Porque en el primero los músicos tenían tal colocón que fue materialmente imposible grabar un minuto. Entre este grupo de auténticos mataos había dos hermanos de 17 y 18 años, apellidados Amador, y un tal Kiko López.

Estas y otras delicias se desparraman en este imprescindible documental de Pedro Barbadillo, que narra la alocada historia del grupo Veneno, formado por los hermanos Rafael y Raimundo Amador, y por quien posteriormente pasaría a llamarse Kiko Veneno. Siendo la vida del grupo muy breve, apenas un par de años, fue suficiente para fundar un género (el flamenco fusión), e impulsar con ello la aparición de cientos de artistas y algunas obras que sin ellos no hubieran sido posibles. Sin ir más lejos, La leyenda del tiempo de Camarón.

Entre las muchas perlas que se sueltan en el filme (ese Rafael Amador repitiendo la crítica de su padre al disco: “¡Ustede estai loco!”) hay una de Ricardo Pachón, productor de la obra, que opina que en Veneno se produjo la conjunción entre un anarco teórico (Kiko Veneno) y un anarco real,  que es el gitano (Raimundo Amador). Y esa fue una de las claves del asunto: el volcán de creatividad de los Amador, con la astucia artística de un chico inquieto de clase media sevillana, contagiado por el espíritu hippie. Y todo esto en la explosión de jolgorio que supuso el fin de la dictadura, que permitió que ancestrales tradiciones musicales como la gitana se desparramasen y extendiesen en mil formas, como una mancha de aceite en un torrente.

En un mundo como el actual, donde a nada que uno piense que le va mal, reclama una cuota o una subvención, resulta inspirador como tres tiraos, tras miles de horas de porros y búsqueda artística, crearon un universo nuevo en el que habitar, donde antes no había nada. A pesar de que, como gran parte de lo bueno en la vida, fuera caótico, tambaleante y, finalmente, breve.