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[Cine en El Almacén] "El Viaje de Nisha": Cuando la cultura aplasta

Cuándo: Miércoles 26 de septiembre, 19:00. Jueves 27 de septiembre, 21:00. Dónde: CIC El Almacén, Calle José Betancort, 33, Arrecife (mapa). Precio: 3 euros [Comprar online]

Luis Arencibia Verdú

La escena muchas veces contada por mi madre, tiene miga. Se trata de su llegada a la isla, en 1953, con 15 años. El barco atracaba en el antes ajetreado muelle comercial, hoy eternamente desierto. Y su padre, mi abuelo Plácido, pisaba por primera vez su siguiente destino como juez. 

Porque le hacía falta la gran paga extra que se disfrutaba en estos casos, Plácido seleccionó, entre las opciones posibles, todos los territorios africanos, que a otros muchos espantaban: Guinea, el Sahara, Canarias… Y con él arrastró a su mujer y a sus cuatro hijos, del Alicante rural, a una isla con poco motivo para ser conocida por nada más, que por que estaba muy lejos, para poner en marcha un juzgado. Mi madre nunca regresó a vivir a la Península.

El motivo por el que recuerdo esta vieja historia de mi madre, es por lo que siempre me contaba a continuación: el impacto cultural que vivió con su llegada. En aquella Lanzarote todavía pre turística, la escasez y el aislamiento hacían que la sociedad aún estuviese dominada por un fuerte clasismo y una enorme preocupación por el qué dirán. Gran parte de la población vivía aún con la vergüenza de ser pobre, y la iglesia aún conservaba gran parte de su poder para marcar lo que se podía y no podía hacer.

A mi madre, que venía de una región en la que esto existía, pero de forma bastante más relajada, el ambiente le pareció bastante lúgubre, asfixiante… Pero poco podía hacer al respecto: las cosas eran así, y a la gran mayoría ni se le pasaba por la cabeza que pudieran cambiar. Pero vaya si lo hicieron.

Salvando las distancias, El Viaje de Nisha, de la directora noruega de raíces paquistaníes Iram Haq (Oslo, 1976), relata también un viaje hacia el choque cultural. El de una adolescente noruega de segunda generación de inmigrantes paquistaníes, obligada por su padre a regresar a su país de origen, como forma de escarmiento ante un comportamiento que es considerado por su familia como inmoral y libidinoso. Tener un novio, nada menos. Con estos mimbres, Iram Haq reflexiona sobre las imposiciones culturales, sobre su impacto en el individuo y sobre las brutales diferencias que uno puede observar (y padecer), simplemente desplazándose unos cientos de kilómetros. 

Si miramos atrás en nuestra historia, la película también es una buena oportunidad para recordar nuestros propios cambios como sociedad. Y para relativizar la distancia que podamos sentir hacia otros comportamientos culturales con los que convivimos. Ya que hasta hace no mucho, en algunos aspectos, eran aquí lo más nomal del mundo.