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[Cine en El Almacén] “Happy End”, de Michael Haneke: Mirando con lupa al insecto humano

Cuándo: Miércoles 12 de agosto, 19:00. Jueves 13 de agosto, 21:00. Dónde: CIC El Almacén, Calle José Betancort, 33, Arrecife (mapa). Precio: 3 euros.

Luis Arencibia Verdú

Tras la fallida proyección de la semana pasada, parece que en esta sí comenzaremos la temporada de largometrajes en El Almacén, con la reciente última película de Michael Haneke (Múnich, 1942), director austriaco que saltó al éxito masivo con Amor, filme que cosechó casi todos los premios posibles y que narra, con ternura y verdad, la historia de una pareja de ancianos que caminan juntos hacia la frontera donde acaba la vida y comienza la nada. En Happy End, Haneke mantiene esa misma obsesión en mirarnos de cerca, como un entomólogo a un bicho, pero esta se podría considerar la "película social" del director, ya que introduce algunas pinceladas acerca de las problemáticas de los inmigrantes africanos en Europa. Que, todo hay que decirlo, quizás le han quedado un pelín forzadas.

En general, el atractivo de las películas de Haneke reside en que nos sitúa frente a la cotidianidad de personajes la mayoría de las veces bastante anodinos, y con vidas igual de anodinas. Pero que, según transcurre la historia, van dejando asomar un magma burbujeante de frustración en su interior, originado a base de incomunicación emocional, materialismo, cobardía... y otros males similares que nos acechan. La finalidad del director con esto es obvia: incomodar al espectador, y que este reflexione sobre qué está haciendo con su breve espacio de tiempo en este mundo.

Alguien dijo una vez que te puedes ahorrar la entrada de una película de Haneke sentándote una mañana en un parque donde haga vida la gente. Y observando lo iguales que son el resto a nosotros, y las lecciones que de ello podemos extraer. Pero es que en Lanzarote no hay parques con gente y, en aquellos lugares más civilizados donde sí los hay, la gente tampoco hace estos ejercicios de análisis y enmienda personal. Solemos estar todos demasiado ocupados corriendo detrás del futuro. Eso sí, cuando ya estamos absolutamente vacíos y extenuados, acudimos al cine a ver una de Haneke, para sentir la extraña sensación de alivio que produce saber que otros están tan fastidiados como nosotros.