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El concierto de Pedro Guerra

(por Ornelia Cabrera)

Atención: contiene spoileres. Te diré cómo acabó el concierto. Tres veces el público en peso de pie aplaudiendo. Tres veces salió él a cantar varios vises de más. 

Pedro tiene esa forma de hablar pausada, nada acorde con lo que su apellido pudiera sugerir. El acento indefinido de canario emigrado desde hace más de veinte años.

Su voz es profunda. Cada letra suya deja un hueco dentro de una onda de sonido. Como cuando tiras una piedra al agua y forma distintos círculos. De esa profundidad estoy hablando. Hay quien pone música a sus sentimientos. Escribe o describe emociones. Él las crea. Crea imágenes.

* Fotograma de un momento del concierto, cuando interpretaba Raíz

El concierto me trasladó al tiempo de Golosinas veinte años atrás. Con mis sueños de entonces, que había olvidado. Con otro prisma y otra luz. Nuevas canciones que hablan de multitud de experiencias que cogen fuerza y delicadeza. No hay nada más valiente que ser totalmente vulnerable. Así se presenta él. Pequeño, hablando bajito en el escenario.

La fuerza que transmite si lo escuchas te atraviesa. Porque su fuerza es la tuya y su vulnerabilidad te representa. Por más que no lo supieras hasta que le escuchas. Porque hizo un viaje a donde la mayoría no quiere ni acercarse y volvió con un diccionario lleno de emociones nuevas a traducir para ti, en sus canciones.

Normal que la gente le pidiera más. Que no dejaran que se fuera. Pedro tiene esa fuerza curtida en mil batallas internas. Igual sí se merece el apellido Guerra.