Ocio

Dir.Punta Mujeres

El Hombre Duplicado

Por Ornelia Cabrera (fotografías y dibujos de Bárbara Müller)

¿Te has preguntado alguna vez cómo hubiera sido tu vida si hubieras tenido unas circunstancias diferentes? ¿Seguirías siendo tú?

Un hombre se mira al espejo. La imagen que se le devuelve del envés es la suya. La habitual y cotidiana. A veces ya ni se ve realmente, tan conocidos son sus rasgos. Pero, ¿qué pasaría si un día ese reflejo cobrara vida propia y no se limitara a devolverte una réplica de ti mismo, sino que se adentra en el mundo a correr sus propias aventuras? ¿Cómo te sentirías?

Algo parecido se plantea José Saramago con El Hombre Duplicado. Detrás se oculta la eterna y humana pregunta sobre la identidad. ¿Qué determina que tú seas tú y no cualquier otro? ¿La apariencia? ¿Las experiencias? ¿El amor? 

La obra plantea la posibilidad de que un alma pueda tener una existencia paralela en dos cuerpos distintos. Recuerda al argumento de El Cuento más Hermoso del Mundo de Kipling, donde un joven con pretensiones literarias recuerda la vida de un remero de otra época y civilización lejanas. Encuentra la fuerza suficiente en tales recuerdos como para revelarse de su vida monótona y reencontrarse en el arte.

Sin embargo, el caso de Saramago es distinto. La revelación de que hay otro como el uno, no crea más que temor y desconfianza (quizá un ataque al hecho capitalista que te exige originalidad, aunque castigue al que se sale del redil). Tanto es así que precipita un final desconcertante.

Al final, la única esperanza en ser reconocido y aceptado es a través del amor. Una obra que crea preguntas inteligentes sobre uno mismo. Un escenario sencillo, pero muy eficaz. Actuaciones estelares.  Dos desnudos masculinos. Un teatro magnífico, el de los Jameos. ¿Qué más se puede pedir?