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Dir.Centro Comercial Deiland Plaza
Playa Honda

Independence Day: Contraataque

Por Jose Peña

De camino a nuestra cita ineludible con el cine, aún me debatía entre Mi amigo el gigante, una fantasía de Steven Spielberg que siempre es un valor seguro cuando dirige el asunto (no tanto cuando su nombre sólo aparece como productor ejecutivo) y Election: La noche de las bestias o La purga 3, de la que tenía curiosidad por ver cómo se ahondaba en esa sociedad distópica retratada en las dos primeras entregas.

O lo que es lo mismo: cine familiar con evocadoras imágenes del mundo de un misterioso gigante, que sin duda disfrutaría como un niño (visioné el tráiler y es magnífico), frente a película no recomendada para menores de 18 años, con altas dosis de violencia gratuita en un futuro cercano y desolador donde una noche al año “todo” está permitido.

Como sabéis, elegir una peli depende mucho del estado de ánimo en ese momento…y no sé muy bien por qué, pero vimos el cartel, intercambiamos una mirada cómplice y acto seguido compramos las entradas para Independence Day: Contraataque…no pudimos resistirnos (o eso o Sandra vio mi cara de ilusión y pensó: "bueno venga…").

Todavía recuerdo el revuelo que se formó con el estreno mundial de Independence Day (1996), la promocionaron incluso en los telediarios (tengo grabado en la mente a ese Pedro Piqueras anunciando el Apocalipsis), emulando a aquella primera versión radiofónica de La guerra de los mundos (1938) de la mano de Orson Welles.

La cinta (al igual que su secuela), que fue escrita y dirigida por Roland Emmerich (El patriota, Anonymous) resultó divertida, desenfadada y emocionante y sí, me alucinaron los efectos visuales, no en vano la película se llevó el Oscar en esa categoría, pero también era bastante descerebrada con un Will Smith pasado de vueltas y desprendía un tufillo a propaganda panfletaria que echaba pa’tras, que le valió el merecido título de “americanada” en su expresión más despectiva.

Como ejemplo, esa arenga del Presidente/piloto de combate (menudo gag), justo antes del ataque de la resistencia humana: “… y si vencemos hoy, el 4 de julio ya no será únicamente una fiesta norteamericana, si no el día en que el mundo declaró al unísono: no desapareceremos en silencio en la oscuridad, no nos desvaneceremos sin luchar... ¡hoy celebramos nuestro día de la independencia! (vítores)” o cuando los americanos descubren como detener la invasión extraterrestre, ¿quién si no?, y envían su plan vía morse a los países que aún quedan en pie, y un militar exclama: “es de los americanos, quieren organizar una contraofensiva”, a lo que otro contesta: “ya era hora hombre, ¿qué piensan hacer?”.

En ese momento no supe ver lo que pretendía Roland Emmerich, que nació en Stuttgart y se formó como cineasta en Munich, con Independence Day (1996). No fue una alabanza del patriotismo norteamericano, sino más bien una ironía burlona sobre su auto-impuesto papel de salvador mundial, mezclándola con pura acción y ciencia ficción de serie B (pero con presupuesto de superproducción), unida al gusto del director por el cine de catástrofes y a su empeño por la destrucción del planeta, empezando por Nueva York, ya sea por extraterrestres, monstruos-Godzilla (1998), fuerzas de la naturaleza-El día de mañana (2004) o a causa de predicciones Mayas sobre el fin del mundo-2012 (2009).

El director, sin tomarse a sí mismo demasiado en serio, logró con Independence Day (1996) un coctel que funcionó de maravilla (película más taquillera de 1996) y que influyó en mayor o menor medida en producciones posteriores. Como es el caso de Starship Troopers, Brigadas del espacio (1997), del director holandés Paul Verhoeven (Robocop, Desafío Total) que reflejó en su cinta una sátira antifascista nada sutil, considerada hoy como película de culto y que curiosamente en el momento de su estreno fue entendida justo al contrario.

Pues bien entramos en la sala 3 donde proyectaban Independence Day: Contraataque, sabiendo perfectamente lo que íbamos a ver, con las expectativas a cero, y sobre todo sin tomarla muy en serio, y empezó el espectáculo de luces y fuegos de artificio… se repiten una tras otra las estructuras narrativas de la primera entrega, con alusiones o auto-homenajes continuos a situaciones ya vividas, con la incorporación de alguna nueva, eso sí (como esa chanza a la ingenua idea de paz y unión entre los pueblos de la tierra, previa al contraataque alienígena), solo faltó el guiño al “humo de la victoria”, el que más eché de menos, pero claro ya no está bien visto en este Hollywood políticamente correcto que los buenos fumen.

Y mientras la acción transcurría, yo lo pasaba en grande, era como una reunión de viejos amigos, que la película se repite un poco o mucho, sí ¿y qué?. Que el protagonista suelta una gracieta a su novia sobre la casa que van a comprar, cuando más de un tercio de la población mundial acaba de ser devastada, incluso familia cercana… ¿a quién le importa?. En serio, disfruté muchísimo, me reí bastante, volví a recrearme con los efectos digitales y me reencontré con un viejo amigo pero esta vez siendo muy consciente de lo que iba a presenciar.

Si dentro de 20 años vuelven a hacer otra entrega del Día de la Independencia acudiré a la cita religiosamente, eso sí, no pueden faltar Jeff Goldbrum (La mosca, Parque Jurásico) ni su padre (en la ficción), con perro de marras incluido, ni el discursito presidencial por supuesto.

En definitiva, recomendable Independence Day: Contraataque, que mantiene ese estilo pulp y popero que engancha y ofrece diversión desenfadada desde el principio. Atención a la secuencia a lo Star Wars atacando, cual Estrella de la Muerte, la mega nave nodriza de los aliens, buenísima.

Nota: Independence Day: Contraataque se proyecta en el multicines Deiland de Playa Honda con un único pase a las 21:50 horas. La cartelera