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"Joy Division", de Gran Gee: En las cimas de la desesperación

Cuándo: Miércoles 1 (19.00 h.) y Jueves 2 de agosto (21.00 h.). Dónde: CIC El Almacén. C/ José Betancort, 33, Arrecife (mapa). Precio: 3 €.

Texto: Luis Arencibia Verdú. 

El mundo es un lugar extraño. Y fascinante. Hace un par de temporadas, la cadena de ropa Spriengfield ofertaba en sus tiendas la camiseta con la portada del álbum Unknown Pleasures, de Joy Division. Miles de personas alrededor de todo el mundo comenzaron a presumir por 15 euros de estar conectados con el glamour hipster que sigue desprendiendo este disco tantos años después, tanto por la música que contenía como por su portada, diseño de Peter Saville.

 

Lo paradójico es que Joy División y sus obras nacieron en un lugar de mierda (los suburbios de Manchester de finales de los 70), estando liderados por un tipo llamado Ian Curtis, de esos con los nervios crónicamente destrozados, con los cuales evitamos a toda costa hablar si coincidimos en una fiesta. Tipos que son como manzanas con un gusano en el alma, condenados a implosionar más pronto que tarde. Aunque estamos rodeados de personas así, normalmente esta ingente cantidad de miseria personal nos pasa desapercibida. Percibimos tics, comportamientos incoherentes, poco flexibles… Pero ni por asomo podemos llegar a percibir las toneladas de energía que derrochan cada día corriendo frenéticamente por el laberinto de sus pensamientos, a sabiendas de que no hay salida posible.
 

Por una serie de circunstancias (talento y contexto), Ian Curtis logró describir a través de sus composiciones y de su banda estas gigantescas montañas de porquería, llegando a millones de personas en aquellos años posteriores a los pájaros y las flores. Y demostrando de nuevo que la belleza poco tiene que ver muchas veces con la felicidad. La vida quemaba a Curtis, y eso se transmite en su música, una ristra limitada de canciones creadas en los escasos tres años desde la fundación de la banda. Hasta la mañana del domingo de mayo de 1980 en la que se colgó en la cocina de su casa con una línea de tender la ropa.

Hay varias buenas películas que nos pueden acercar a la historia de miseria personal y grandeza artística que protagonizaron los Joy Division, entre ellas “24 Hour Party People” (Michael Winterbottom, 2002) y “Control” (Anton Corbijn, 2007), pero este documental de Grant Gee del 2006 es considerado por todos los entendidos como la mejor aproximación al meollo de esta fascinante historia. En primer lugar, por la pluralidad de visiones que ofrece y, sobre todo, por lo descarnado de su relato... Qué hostias: por lo escalofriante de su relato.