Las hijas de Lilith

Crónica de la obra de teatro Clara Victoria, representada el pasado jueves 9 de marzo de 2017 en el Teatro El Salinero.

Texto: Ornelia Cabrera. Fotografías y Dibujos (dibujos realizados durante la función): Bárbara Müller. 

Según el Talmut judío, antes de la existencia de Eva, Adán tuvo a otra compañera, creada en igualdad de condiciones, que como tal no aceptaba que Adán quisiera gobernarla y huye de su lado. Pasa a ser desde entonces un símbolo feminista.



La obra quiere acercarnos a las figuras de Clara Campoamor y Victoria Kent. Ambas fueron defensoras de los derechos de la mujer durante la Segunda República. Ambas eran abogadas y diputadas por partidos diferentes en las Cortes. Y ambas defendieron opiniones enfrentadas en torno al voto femenino.

Mientras Clara Campoamor abogaba por el sufragio universal para hombres y mujeres, Victoria Kent temía que el voto femenino fuera a ser secuestrado por la derecha, pues pensaba que quizá las mujeres se iban a dejar influenciar por las opiniones de maridos y curas.

No deja de ser paradójico que las dos únicas mujeres del momento en las Cortes tomarán posiciones tan opuestas, teniendo en cuenta el tema que se trataba. Pero también demuestra que no todas las mujeres deben opinar de la misma manera, y que además quitando el género, existen otras circunstancias como la clase que pueden dividir a las personas.

La obra quiere tender puentes entre ellas y con nuestra época. Imagina unos saltos temporales en que Clara rompe la tercera dimensión y se pone a observar desde su exilio en  Suiza en 1936 (ya empezada la Guerra Civil), las consecuencias del trabajo de toda su vida. También imagina un encuentro con su rival, que no era tal, pues al final ambas querían mayores derechos para las mujeres, pero desde puntos de vista distintos.



Iniciativa muy valiente y muy apropiada para estas fechas en las que recordar que los derechos que hoy en día disfrutamos no han sido gratis.