Playa Francesa

A la serenidad de las aguas se suma su exótico perfil, con unos fondos marinos que brillan por su pulcritud y la sugerente mezcla de tonalidades azules que juguetean en su superficie. El marco paradisiaco está a cobijo del viento, entre las pequeñas cotas del área central de La Graciosa y el portentoso Risco de Famara (Lanzarote).

Hay un yate y un velero anclados a un medio centenar de metros de la orilla, lo que otorga a la postal virginal cierto aire distintivo. Francesa no es muy extensa y tampoco holgada. Tiene la medida perfecta para que su estancia conforme un lujoso día de sol y playa. Es su arena impecable, de fino grano y blanco impoluto.

Dejando atrás las últimas casitas de Caleta del Sebo, en su salida oeste, el bañista se adentra en una zona privilegiada para el chapuzón. Esta franja de litoral, que coincide con el cono sur de la isla, se mantiene completamente a resguardo entre las pequeñas cotas del espacio central de La Graciosa y el Risco de Famara (Lanzarote). Por mucho que sople el viento, el brazo de mar que une estas localizaciones, conocido como El Río, permanece en calma. 

Playa Francesa (La Graciosa) cobijada frente al Risco de Famara (Lanzarote)

A la serenidad de las aguas se suma su exótico perfil, con unos fondos marinos que brillan por su pulcritud y la sugerente mezcla de tonalidades azules que juguetean en su superficie. La línea de playas y calas de este privilegiado espacio de La Graciosa empieza en El Salao y concluye en la calita de Montaña Amarilla. Adentrarse en cualquiera de ellas, en pleno Atlántico, supone una gozosa experiencia. Sin embargo, Francesa reúne una serie de características que la sitúan con diferencia como la mejor playa de esta zona. 

A 40 minutos de Caleta del Sebo

A pesar de la distancia, que de hecho corre a favor de la cala (menos aglomeraciones), vale la pena la travesía. El paisaje bien podría pasar por un escenario de spaguetti western pero sin caballos, ni vaqueros. El jable procedente de África coloniza La Graciosa con una inmensa alfombra blanquecina, cuyo impacto visual le confiere esa impronta paradisiaca que se detecta desde Lanzarote. Un territorio seco, aparentemente hostil, pero que al atravesarlo se transforma en un santuario del relax. 

Bañistas llegando a la playa prometida

El sendero puede abordarse a pie (40 minutos aproximadamente) o en bici (15-20 minutos). Por la bahía de El Salao que conecta con la Baja de la Peña, es frecuente observar a las aves buscando alimento en las aguas someras. Coincidirá también en el paseo con esa barquita solitaria que navega por El Río, de vuelta de la jornada de pesca o de husmear el horizonte oceánico. En el camino, ya muy próximos a Francesa, tropezará con una cala diminuta, muy apetecible sobre todo por su carácter solitario (La Lajita se llama). No obstante, hará bien en seguir la marcha porque ya está muy próximo al Paraíso. 

Francesa

Hay un yate y un velero anclados a un medio centenar de metros de la orilla, lo que otorga a la postal virginal cierto aire distintivo. Francesa no es muy extensa y tampoco holgada. Pero ni falta que le hace. Tiene la medida perfecta para que su estancia conforme un lujoso día de sol y playa. Es su arena impecable, de fino grano y blanco impoluto. Sin embargo, el jable en contraste con las cristalinas aguas de suaves tonos turquesas enmarcan un paisaje de baño sólo comparable a la playa de Las Conchas, al norte de La Graciosa. Al contrario que esta impresionante cala norteña, el chapuzón siempre es seguro ya que Francesa no está expuesta a las fuertes corrientes de la primera. 

Francesa: playa paraisiaca

Al deslumbrante cuadro debe añadirse la indescifrable Montaña Amarilla. Localizada al oeste de la playa, su figura es un canto a la geología donde sobresalen los caprichosos contornos y relieves de intenso color dorado y rojo. En su falda se encuentra la cala de La Cocina. ¿Qué diferencia hay entre una y otra? En días de fuerte calor y con poco viento es mejor decantarse por Francesa, que aunque está cobijada se abre más a la ligera brisa del Río. Por su parte, La Cocina se mantiene mucho más escondida y en esas condiciones el calor resulta sofocante.

En situación de normalidad, esto es, con el alisio fluyendo como marca la tradición, la combinación del baño en Francesa y Montaña Amarilla constituye esa jornada soñada del sediento bañista. 

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- ...rutinas y estrenos, dibujo de Bárbara Müller. 

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