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Playa Quemada: La Arena - El Pozo

Estas playas del sureste de Lanzarote gozan de la mejor meteorología de la isla. Siempre a cobijo del intenso viento conejero, gracias a la imponente presencia del Monumento Natural de Los Ajaches, Playa Quemada conforma la garantía por excelencia de un chapuzón en calma en el inmenso Océano Atlántico.

Las calas se imbuyen de tranquilidad y el sosiego. El marco místico de jable negro y callaos contrasta con la elegancia lumínica del Atlántico y las figuras de arena dorada de las dunas de Corralejo (Fuerteventura) y la enigmática Isla de Lobos en el horizonte oceánico.

Las playas de arena negra de Playa Quemada gozan de la mejor meteorología de Lanzarote. El cono sureste de la isla, cobijado por el deslumbrante Monumento Natural de Los Ajaches, amanece a resguardo del intenso viento lanzaroteño. Salvo los cuatro o cinco días al año con temporal del sur, Playa Quemada conforma la garantía por excelencia de un plácido chapuzón en el inmenso océano Atlántico.

Amanece en Playa Quemada, empieza a despejarse el cielo, el mar como una balsa de aceite

Todo es calma en la excursión a estas calas solitarias, empezando por la entrada al pueblito costero, cuyas casitas terreras blancas y portones de suave azul y verde dirigen su mirada a la balsa de aceite del mar, sobre la que se posan las barquitas de un reducto eminentemente pesquero. A pesar del desorden urbanístico (¿o será a propósito de éste?), la estampa de Playa Quemada desde su carretera de acceso hechiza a la primera.

Las playas

La línea de calas de intenso jable negro y callaos se extiende desde el pueblo en dirección sur. Por su carácter solitario y su sencilla conexión, La Arena se erige en la gran playa de esta zona. Extensa y holgada, su silueta encaja a la perfección entre dos peñascos considerables de Los Ajaches. Rara vez coincidirá con una decena de bañistas, por lo que la estancia en ésta resulta intimista, abierta a la conexión naturista en la que acompañan unas gaviotas que sobrevuelan, y sondean, la franja oceánica en pos de alimento en forma de pescado. 

Caminito a la playa de La Arena

Con marea vacía podrá acceder a La Arena desde la playa de callaos del propio pueblo (en cinco minutos). Sin embargo, durante la pleamar tendrá que bordear un pequeño acantilado transitando por una veredita zigzagueante, un caminito preñado por la ronda de pasto de las cabras de Femés. El sendero de ascenso y descenso se cubre en aproximadamente quince minutos.

Entre los acantilados de La Arena apenas corre el alisio, que unido a la distancia con los supermercados del pueblo hace recomendable acudir con agua. El consejo deriva en obligación si se decantara por visitar la playa de El Pozo, localizada a unos tres kilómetros más al sur y que se alcanzará superando otros peñascos en nuevas rutas zigzagueantes (entre 30-40 minutos de sendero).

Callaos, arena negra, el mar

De similar apariencia que La Arena, en una y otra playa coincide esa postal con un punto místico de jable negro y callaos, que contrasta con la elegancia lumínica del Atlántico y las figuras de arena dorada de las dunas de Corralejo (Fuerteventura) y la enigmática Isla de Lobos en el horizonte oceánico. 

Pescadito fresco

Combinar el chapuzón en La Arena o El Pozo con un menú de pescado y marisco o un buen arroz conforma un plan redondo. Una simple operación de dos más dos, que son cuatro. dejarse caer por cualquier rincón gastronómico de la red de restauración de la primera línea de mar del pueblo. Una cocina tradicional que extrae todo el sabor del pescado fresco del día.

A los pies del pueblo: el aroma a pescadito fresco invita a un asalto gastronómico en primera línea de mar

Su degustación en las simpáticas terrazas con inmejorables vistas hacen las delicias de los comensales, que posibilita, todavía con el sabor a salitre impregnado en el cuerpo, un vino blanco muy frío (digamos un Bermejo) acompañado de las papas y los mojos, el pulpo y las lapas, y un suavísimo cherne, bocinegro o sama a la espalda... Permítase la sugerencia: Vístase despacio, que no hay ninguna prisa, déjese llevar por el clima sosegante que se posa sobre Playa Quemada.