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Playa naturista
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Serv.Aparcamientos amplios en cada playa. Duchas y vestuarios en la Caleta del Congrio.

Playas de Papagayo

Exóticas, de jable dorado e impoluto, que contrasta con una sensual estampa oceánica de bellos tonos azules, la línea de calas están inmersas en un formidable entorno naturarista, envuelto de magia gracias a su extraordinaria panorámica al manso Atlántico y las figuras del islote de Lobos y las dunas de Corralejo (Fuerteventura).

El ambiente sosegado se intensifica en las primeras horas del día y sobra espacio para el universo lúdico de los niños. Hay tiempo para dejar huella en la orilla, la relajada contemplación del paisaje o para las continuas inmersiones en la balsa de aceite atlántica.

Junto a  Timanfaya, las playas de Papagayo conforman el sello distintivo de Lanzarote como destino turístico. Las calas ocupan una franja de ocho kilómetros aproximados del árido y seco páramo del Monumento Natural de Los Ajaches. Sorprende llegar a este escenario afrodisiaco de sol y playa después de atravesar un paisaje desolado, más propio de un western almeriense, al que sólo se echa en falta a Clint Eastwood. 

Paradisíaca fotografía de la linea de calas de Papagayo

Papagayo es su jable impecable, limpio y de un color blanquecino-dorado que luce especialmente sensual. Sus amplias calas están desperdigadas por todo el litoral, entre pequeñas lomas, con la pacífica marea de bellos tonos azules como único y relajante horizonte. En días despejados la panorámica se extiende al islote de Lobos y las dunas de Corralejo (Fuerteventura), que supone la guinda de un cuadro paisajístico formidable.

Playas de Papagayo, pintura de Jorge Marsá

Las playas de Papagayo se dividen en cuatro zonas principales de baño: Playa Mujeres, El Pozo, las playas de Papagayo y la Caleta del Congrio. Papagayo se descubre caminando a través de la orilla, dejándose mecer por el suave arrullo de la marea en agradable paseo. Sus aguas son idóneas para el remojón desestresante, el nado en medio del Atlántico y la parsimoniosa toma de sol tras el baño. Lo único inquietante proviene del silencio apabullante que inunda el lugar. 

Un día de sol y playa

El ambiente sosegado se intensifica al alba y sobra espacio para el universo lúdico de los niños. La elección de las playitas de Papagayo, situadas entre El Pozo y la Caleta del Congrio, resuelve la opción del almuerzo evitando el traslado a Playa Blanca: en el morro oeste de esta fantástica cala se localiza el único hábitat de cemento del espacio natural, un quiosco-restaurante con vistas al mar donde poder degustar unas papitas arrugadas, unos pulpitos y rematar con una parrillada de pescado o una paella de marisco.

Bañistas.

A tener en cuenta

El acceso a las playas de Papagayo puede realizarse a pie a través de un sendero que se inicia en los límites urbanos del este de Playa Blanca. El camino desde este punto hasta alcanzar la primera cala puede llevar una media hora aproximada (ver sendero). La entrada en coche particular a las playas también está permitida a través de un camino de tierra. La opción del coche cuesta tres euros por vehículo y día (ver ruta).

El mar siempre en calma, cobijados por el viento y el perfil exótico de las playas de Papagayo

Superado el itinerario, el exotismo de Papagayo se apodera del bañista: tiempo para dejar huella en la orilla, la relajada contemplación del paisaje o para una nueva inmersión en la balsa de aceite atlántica.

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