Restaurantes

Terraza
HorarioTodos los días de 12:00 a 21:00 horas.
Dir.C/ Punta de Papagayo, s/n,
Playa Blanca
Plano

Chapuzón en aguas cristalinas y almuerzo en el chiringuito de Papagayo

(fotografías cortesía de Sandra Pérez Niz)

Da igual el peso que carguen tus hombros, ni el tiempo que te han perseguido aquellas preocupaciones, tampoco te influirá esa sensación de cansancio permanente o el aburrimiento de hacer las rutinas como un autómata. 

El caso es que al alcanzar lo alto de la loma e inundar la retina con este valle kilométrico de jable, algunas calas de intenso blanquecino, otras con la arena mucho más tostada, y ese mar infinito en tonalidades...se te quita absolutamente todo. Resulta lo más parecido a una punción seca, entra la aguja en el músculo agarrotado...y voalá, vuelta a la calma. 

El plan es relativamente sencillo. Paso 1, entregarse a la parsimonia de la playa y darse continuos baños. El soco permanente de Papagayo obliga a lanzarse al Atlántico con regularidad. Permítanos sugerirle que elija la playa de la derecha del chiringuito mirando al mar, pero antes de bajar a la cala reserve mesa en el chiringo de Pedro (mapa), de los dos existentes en la zona (el único espacio construido en este lugar), el más alejado de la costa. 

Lo suyo es llegar a las 10 am aproximadamente, cuando solo coincidirá con medio centenar de coches, lo que le permitirá darse unos cuantos chapuzones con poca gente en la playa. 

Después de 7-8 chapuzones, completamente relajado y con el desayuno digerido desde hace una hora, paso 2, 13:30 horas, ya en el chiringuito de Pedro. ¿Dónde reservar? Una opción es en la refrescante y gigantesca terraza bajo la sombrillita exótica y la mesita de madera.

Otra posibilidad la tienes en el interior de lo que era hogar de ensueño, de veranos de aventuras, y que hoy conforma un cuidado salón decorado con motivos del mundo marino incrustados en el impoluto blanco y azulito que pintan las paredes y el mobiliario del lugar que recuerda a Grecia. 

Ya en la mesa pida un surtido de exquisiteces del mar que a diario prepara el gran Andre Furtado, chef portugués, que está al frente del chiringuito de Pedro. 

¿Apetecen unas deliciosas sardinitas marinadas?

¿Un salmón que maduran aquí mismo y sirven con una base de aguacatito?

Dos platazos superiores para abrir boca mientras apurábamos un cuidadísimo malvasía de Tierra de Volcanes y acertábamos en tirarnos de lleno al cherne como pescado del día. 

Para los chinijos un arroz negro, también con esencia marina. 

No quedó ni un grano de arroz. ¿Que quieres asegurarte que tu hijo se lo comió todo? Fácil. "¡Sonríe, sonríe más!"

Se lo comió todo. 

Con la boca bien negra mandamos a la patrulla canina a la playa con el primo mayor, un tal H. de 13 años y con una pata del 47, es decir, un grandullón. 

Sobremesa con mojitos. Pregunten por Justo, les atenderá de maravilla, déjense llevar. Nosotros lo hicimos. ¿Que usted cree que si pedimos el mojito de Frutas del Bosque acertamos de lleno? "No se hable más, traiga 4 mojitos de esos, Justo". 

Sobremesa impresionante, mojito en mano, a la sombrita dentro de la vieja casa y viendo el gentío en el agua, remojándose, a gusto. 

Paso 3

Alrededor de las 16:30 volvimos a la playa. Bañotes ricos, el sol empieza a viajar inexorablemente en dirección a Pechiguera y la sensación, ciertamente, resulta menos agobiante.

Aprovechamos el comentario para indicarle que si quiere pasar todo el día en Papagayo, la sombrilla es obligatoria. Así podrás sonreír. 

Son ya las 19:00 y vemos una pequeña rendija por la que escaparnos. "Vamos a ver un momento cómo está el ambiente en el chiringuito...para documentarme para el reportaje y tal, ¿ustedes cuidan a los niños un ratillo?", preguntamos y sin necesidad de escuchar la I del Sí salimos todos enfocados el cuñado y quien firma loma arriba para pedir otro mojito y un par de cañas, "apaga el móvil, Jose, o ponlo en modo avión". 

Coincidimos con Pedro. Conversamos sobre las sensaciones de pasar el día aquí y esta doble visita al chiringuito, y de refilón lo que conlleva mantener un rincón como este con un goteo constante de visitantes sedientos de pasar una jornada inolvidable, de conciliar uno de los planes perfectos más redondos que puedes desarrollar en Lanzarote. 

Con el móvil convenientemente silenciado tuvo que subir el preadolescente H., con su lancha 47, para avisarnos, "dicen las chicas que bajen a ayudar". El campamento se levantó a las 20:00 y los nuevo sujetos que formamos parte de esta película, de este planazo, con una sonrisita de satisfacción dibujada en la comisura de los labios. 

Nos conjuramos: "el próximo agosto, replay".