Restaurantes

Terraza
HorarioTodos los días de 11:00 a 19:00 horas.
Dir.C/ Celemín, 21,
Los Valles
Plano
Tfno.928 528 114

Un paseo culinario entre las nubes

En la penúltima curva del Alphe Dhuez lanzaroteño aparece alzado, entre las nubes, este edificio que bebe de la arquitectura popular y que se abre a una panorámica colosal. Evidentemente no había que complicarse la vida para bautizar al lugar como lo que es, además de rincón culinario, Mirador de Los Valles

Al entrar al restaurante aprecias que resulta más que probable que cuando los chinijos se zampen unas minihamburguesas no sabremos de ellos hasta que caiga el sol. Sin duda esto supone otro activo para decidirse por un paseo a Los Valles, los enanos tienen para sí un lúdico columpio, campo abierto para corretear, una simpática cabra a la que mimar y unos tiernos lechoncitos que se nutren de mamá cerdita. En fin, un cuadro redondo para soltar a las fieras y para que los padres reposen sus cabezas dando cuenta de una buena carne y un vino rico. 

Nos acomodamos en uno de los dos comedores interiores descartando así la robusta terraza exterior, estamos en enero y queremos refugio, pero tomamos nota para conquistarla en verano. En el salón de piedra natural hay un ventanal inmenso que te sumerge en las vistas a las bancadas de Los Valles, el Castillo de Guanapay de Teguise y el litoral sureste de la isla, y los conos volcánicos del tramo central de Lanzarote. Así es fácil que se nos abra el apetito.

Cahne, queremos cahne

Hannibal Lecter se sentiría muy cómodo, como en su casa, en los dominios de Los Valles dando cuenta de una carnuza rica. En el Mirador clavan el asunto ofertando un completo abanico de opciones. La barbacoa funciona todos los fines de semana con carnes uruguayas junto a una de las grandes especialidades de la casa, una carne de cabra superior que el chef Jose Estellano sabe tratar para que el resultado sea top en ternura y sabor. 

Pero antes de hincarle el diente a la carne nos invitan a compartir algunos de sus entrantes. Nos decantamos por una cazuelita de gambas, champis y pulpitos, un queso frito con un chorrito de mojo verde y una golosona mermelada de calabaza, y un revuelto jugosísimo de puerros y gambas. Ciertamente, el primer estadio del almuerzo parece un canto a lo de sencillo y de buen producto, dos veces rico. 

Hace tiempo que los niños desaparecieron de la mesa y abordamos la parte principal del almuerzo ligeros de equipaje. Empezamos con una buena noticia, vaya, una parrillada de carne bien tratada, sin piezas secas, sin atisbo de conservadurismo de la cocina en plan "una parrillada más". 

El segundo plato es la ya mencionada carne de cabra, un estofado con papas de Los Valles como cama de una sutil ración en la que al posar el tenedor la carne cede. Está para chupetear cada huesito y luego seguir chupando todos y cada uno de los dedos.

Tanto éxito cosechó que las chicas pidieron cambiar su tercer plato por repetir con la cabra. Los chicos mantuvimos la tercera estación cárnica con un secreto ibérico soberbio, bien hecho pero al mismo tiempo bien jugoso. 

Postres, gin tonics y concurso de abdominales

Seguimos apurando el buen tinto que nos han servido junto a un trío de postres de la casa entre los que destacamos una tarta de calabaza inenarrable. 

Con los postres decidimos mudarnos hacia el gran patio interior del Mirador, entre objetos de labranza, una destiladera y unos señores bancos que rodean a una mesona perfecta para grandes grupos. 

Baja la temperatura, sin embargo todo tiene remedio: los gin tonics mantienen el calor al tiempo que despiertan las ganas de risas. Tuvo que ser la ginebra la responsable para animar a los pequeños, que vienen de vuelta en busca de abrigo, a una sesión de paleo con flexiones y abdominales en la que alguna pequeñaja alcanzó la bonita cifra de 50 abdominales entre los vítores de los padres. No extraña que la pequeña se quedara dormida en el coche a la vuelta. 

Cae el sol, los chinijos están exhaustos y es hora de volver al hogar. De 14:00 a 19:00 horas no ha resultado suficiente para mitigar las ganas de seguir pasándolo bien. Uno de los amigos abre su casa y ofrece una acústica para un popurrí de unas tres horas digiriendo las exquisiteces de Los Valles entre afinadísimos cánticos y algunos brebajes extra. Es lo que tiene pasar por este mirador norteño, al pisarlo sabes que estás inmerso en un plan perfecto que sabes cuándo empieza pero nunca de cómo ni cuándo acaba.  

Para almorzar en Los Valles