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Dir.Punta Mujeres
Plano

Un paseo por Punta Mujeres

Casitas blancas de mar con sus ventanales, puertas y postigos de todos los colores, azulito, verde suave y marrón. El colorido desordenado parece responder a la caprichosa gama de azules del Atlántico en esta zona de Lanzarote. Frente a las casas unas piscinas públicas construídas con sapiencia popular y las barquitas en el horizonte marino que nutrirán a los restaurantes de la zona el pescado fresco del día. 

Hay que recorrer la acera costera, desde la que se aprecian las casas con sus puertas abiertas, o con su aldaba, y el arrumaco del mar como hilo musical permanente. El paseo le incitará a saltar al mar, así que mejor  ser prevenido e ir equipado con bañador-cholas. El mar, las barquitas y el pescado fresco se asocian para posibilitar otra variante de ocio en Punta Mujeres, el almuerzo o cena entre baños en nuestro rincón favorito: el Bar La Piscina.  

Las antiguas chozas para almacenar los higos y las uvas son hoy casitas a pie de mar comunicadas entre estrechas callejuelas y vericuetos que conducen al mar. Casitas blancas de mar con sus ventanales, puertas y postigos de todos los colores, azulito, verde suave y marrón. El colorido desordenado parece responder a la caprichosa gama de azules del Atlántico en esta zona de Lanzarote. El mar de Punta Mujeres es uno de los litorales más atractivos de la isla, con una sugerente sinfonía de azules (claro, marino, turquesa) abrazando el malpaís procedente de La Corona

Las casitas pegadas al mar en Punta Mujeres, Lanzarote

El mar resulta protagonista principal del pueblo. Sus piscinas, que se construyeron en alegre armonía en los 70 del pasado siglo, conforman hoy una de las calas más auténticas de la isla. Como en la vecina Arrieta, Punta Mujeres se enriquece con las barquitas de pesca asentadas en el horizonte marino. Las embarcaciones no son decorativas, están en uso para nutrir del pescado fresco que servirán los restaurantes de la zona. 

Las barquitas que traerán el pescado fresco del día.

Extrema tranquilidad

Tras su visita a los Jameos del Agua, la Cueva de los Verdes o el Volcán de la Corona, le aconsejamos que deje su vehículo en el extremo norte del pueblo, en las proximidades de su centro sociocultural, un edificio descomunal que no pega ni con cola, pero que por fortuna está lejos del casco de Punta Mujeres. Recorra la acera costera, desde la que se aprecian las casas con sus puertas abiertas, o con su aldaba, y el arrumaco del mar como hilo musical permanente. 

Casas literalmente en el mar.

Las casitas cobijan a la hilera de piscinitas. La mayoría tiene unas terrazas rústicas que escaparon a la ley de Costas y por la que sin embargo puede transitarse a su vera. Acudir a Punta Mujeres y no bañarse es como viajar a París y no visitar la torre Eifeel. Obligado por tanto equiparse con bañador-cholas y entregarse a la tranquilidad extrema del chapuzón en estas piscinas.

El plácido chapuzón en las piscinas de Punta Mujeres

El mar, las barquitas y el pescado fresco se asocian para posibilitar otra variante de ocio en Punta Mujeres, el almuerzo o cena entre baños en nuestro rincón favorito: el Bar La Piscina.