La noche empieza a levantarse en el suroeste de Lanzarote, pero el kilométrico manto de lava que arrasó este territorio hace tres siglos no se inmuta. Los focos del camión de la basura rasgan la diminuta carreterita que conecta El Golfo con Los Hervideros. Las gaviotas, con la lección bien aprendida, confían en pescar algún bocado: graznan y aletean, locuelas de alegría.
En el pequeño aparcamiento de la playa de Montaña Bermeja solo hay un coche: el nuestro, recién estacionado. Miramos hacia la base de la montaña, a dos centenares de metros, malpaís adentro, en busca del antiguo límite de la isla, del rompiente del mar, antes de que las coladas de lava empujaran la geografía lanzaroteña medio kilómetro mar adentro.
La playa está al otro lado. Dos hileras de malpaís a cada costado, un manto de cenizas, un sinfín de piedritas volcánicas y una charca en tierra de nadie. Y, al fondo, la orilla, cuya espuma blanca resalta en medio de esta negrura espesa.
Apenas sopla el viento y el mar está en calma. Una ola tímida runrunea al tropezar con la orilla. No rompe… se deja llevar, o caer. Entre nubes grisáceas, con matices azulados, se adivina la cara visible de la Luna. Al otro lado, está a punto de girar la Artemis II, en estos días de abril de 2026 en los que ya soñamos con instalarnos en nuestro satélite.
La Luna desciende por el suroeste; te giras hacia el noreste y ahí está, de frente, el sol empezando a despuntar. Haz un juego de equilibrios y gira sobre ti mismo: vive la noche y el día en dos fotogramas distintos, pero consecutivos.
Nos descalzamos y, con las botas en la mano, caminamos por la orilla negra y húmeda. ¿Quién necesita un café teniendo en los pies este chute de dopamina fina?
Al otro lado de la playa, la lava se ha vuelto ceniza fina, gris: una franja cómoda para avanzar y situarte al borde del mar, con la vista fija en la silueta volcánica. ¿Cómo debió de ser aquel pulso de la naturaleza? El fuego, erguido y desafiante, al encuentro del mar. De esa lucha titánica quedó esta postal sobrecogedora.
Vuelvo sobre mis pasos, contando las huellas de otros pies. Alzo el mentón y compruebo que el amanecer empieza a ponerse resultón.
En el cielo revolotean las gaviotas, que siguen con sus cánticos. Parece que han desayunado más que bien. Son las únicas que me acompañan en este amanecer galáctico, que quiero ver definitivamente desplegado en la perpendicular al lago y a la montaña. Así que allá vuelvo.
“Solo es posible apreciar el milagro de un amanecer si has esperado en la oscuridad”, sostenía sabiamente Sapna Reddy. Llega antes de que amanezca, siempre, y espera agazapado a que emerja el sol. Here comes the sun. En la playa de Montaña Bermeja.
Vivido: sábado 4 de abril de 2026, entre las 7:00 y las 7:50 de la mañana.
Cómo llegar
La playa se encuentra en el suroeste de Lanzarote, accesible por carretera desde El Golfo. Aparcamiento reducido, recomendable llegar temprano. ️ Mapa de Google: aparcamiento playa Montaña Bermeja
⌛ Horario recomendado
Llega antes de que amanezca: entre 6:30-7:00 en invierno-primavera; 7:15-7:45 en verano-otoño, para disfrutar del sol y la luz sobre la lava.
Qué llevar
Calzado cómodo para caminar por malpaís y ceniza, ropa de abrigo ligera para la mañana, y cámara o móvil para capturar el amanecer.