Del Mar al Río: Sendero de Costa Teguise a Famara

Vislumbrando El Río, llegando a Famara. Del Mar al Río: Sendero Costa Teguise-Famara. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

Del Mar al Río es el sendero de mediado recorrido (22,400 kms) que atraviesa de costa a costa el litoral del municipio de Teguise: De Costa Teguise, al este de la islas de los volcanes, a Famara, oeste de Lanzarote con el prisma abierto a La Graciosa, Montaña Clara y Alegranza.

La amplia vereda, de reciente creación, está señalizada con unas picas de madera que portan unos pequeños brazaletes blancos y amarillos con flechas indicativas cuando la ocasión lo requiere. Además de unir el Mar de Costa Teguise y el Río (nombre que recibe el brazo de mar que separa Lanzarote de La Graciosa), el itinerario es droga dura para los amantes de la etnografía ya que atravesamos los vestigios del pasado que definió a los isleños y a esta asirocada isla.

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Del Mar al Río: Así lo vivimos

El sendero del Mar al Río arranca en la avenida de Costa Teguise a la altura de la playa de Los Charcos, casi al final del núcleo en su vertiente norte. El casco turístico cumple en estos días de finales de 2022 medio siglo de vida y pasear por todo su frente litoral antes de que despunte el alba resulta toda una experiencia. 

Las pocas almas con las que me cruzo en busca del kilómetro cero de la travesía se aplican en darle al trote ligero, al paseo pausado, hay quien limpia y saca brillo a las mesas donde servirán la pasta y las pizzas al mediodía, y los hay quienes después del desayuno en el buffet del hotel esperan de punta en blanco, quietos parados, como estatuas, a que alce el mentón el sol. Aquí viene

Amanece en Costa Teguise. Del Mar al Río, punto de inicio del sendero Costa Teguise-Famara. Fotografía: Josechu Pérez Niz.
Amanece en Costa Teguise. Del Mar al Río, punto de inicio del sendero Costa Teguise-Famara. Fotografía: Josechu Pérez Niz.

Un buen amigo espera en el punto de inicio y sin demora echamos a andar, que se hace camino, sí, pero también, a quien madruga…el sol no le apabulla. Ténganlo en cuenta cuando se animen a hacerlo: madruguen, porque la previsión es de seis horas de caminata. 

“¡Ay, qué gustito pa mis orejas!”, cantaba Raimundo. A nosotros nos pone, sí, ver las cosas bien hechas que bastante fustigamos a nuestras administraciones y cuando lo bordan, como es el caso, pocos le aplaudimos. Pues fea, muy fea, la costumbre. Así que procedo, plas, plas, y me quito momentáneamente el sombrero. Sugestivo, señales claras, caminito marcadito con sutileza.

Vereda claramente delimitada y señalizada. Del Mar al Río de Costa Teguise a Famara.
Vereda claramente delimitada y señalizada.

En días normales, con el alisio revoloteando por Lanzarote, al salir de Costa Teguise el viento aligerará el calor y hará lógicas las risas de los naturales de Arrecife cuando les dijeron que Río Tinto iba a levantar allí, en aquel secarral que solo producía sal, una distinguida urbanización turística. Las risas y los resoplidos incrédulos se oían en la boca del muelle capitalino.

El futuro no es lo que era. ¿Quién le iba a decir a los de Río Tinto que 50 años después el turisteo no se iba a contentar con tomar el sol bajo las palmeritas sino que demandaría la esencia de los lugares para empaparse de realidad? ¿Y que había que sugerir y dejar maqueado este sendero de exquisito ocio complementario? Todo cambia, y casi todo a mejor por mucho que se empeñen los periódicos en traficar con el descontento a cambio de clics.

Leopoldo Calvo-Sotelo, ex Presidente del Gobierno español y CEO de Río Tinto cuando se decidió lo de Costa Teguise, habría procedido a quitarse aquellas gafas de pasta negra y dejarse los dedos en los ojos…de tanto frotárselos. “¿En serio – se diría – alguien va a caminar 10, 15, o 20 kilómetros para admirar el terruño en lugar de tomar daikiris bajo la sombrilla?”. “Pues sí, Presidente, y cada vez son más, y más sedientos, los que buscan experiencias como estas”.

Volvemos a la vereda, que nos desviamos con otras temáticas. Ascendemos pausada y serenamente entre tabaibas y tuneras, alguna gavia medio despistada y totalmente abandonada, y unas vistas a Tinamala y a la tímida silueta de Guatiza.

Pica de madera que le acompañará durante toda la travesía. Al fondo, a la derecha, Montaña Tinamala.
Pica de madera que le acompañará durante toda la travesía.

Estos primeros cinco kilómetros resultan un pelín monótonos, pero enseguida el tedio se rompe cuando se adivina Teseguite, y su graciosa arquitectura desperdigada entre viejos arenados de cultivo. 

Teseguite: campos de higos, cebada e higos pasados por el sol

Según nos recuerda Francisco Hernández, la aldea de Teseguite nace en el Siglo XVI y conforma el asentamiento de los africanos traídos a la isla por el Marques de Lanzarote, Agustín de Herrera, quienes al recuperar la libertad “se casaron con las hijas de los nativos”. Durante siglos Teseguite se alimentó de harina de cebada, miel, manteca, higos pasados al sol y carne de cabra asada.

Hoy Teseguite es quietud absoluta y agricultura de fin de semana en el mejor de los casos. Del pasado mantiene ese aire cosmopolita, lanzaroteños, alemanes, alguien que canturrea la Marsellesa y también algún sherpa serbio, y la Ermita de San Leandro que salía de la cueva y se juntaba con la Virgen de Las Nieves en verano, en la tradicional bajada a Teguise.

Teseguite.
Teseguite.
Nació y sigue mestiza: Teseguite.
Nació y sigue mestiza: Teseguite.
Ermita de San Leandro, Teseguite.
Ermita de San Leandro, Teseguite.

9 kilómetros de caminata y unas palmeras que ofrecen una generosa sombra. Agua, sí, y algunos frutos secos para retomar el sendero con brío de la aldea teseguiteña a la Montaña de Guanapay. 

En dirección a la Montaña de Guanapay.
En dirección a la Montaña de Guanapay.

Subida a Guanapay: La Torre de Lanzaroto Malocello y el Castillo de Santa Bárbara

Un siglo antes de la conquista castellana arribó a la isla Lanzaroto Malocello, también conocido, versión afrancesada, como Lancelot Maloisel, cuyos descendientes reivindicaban el mérito de primer conquistador de las Canarias en lugar de Jean de Bethencourt. 

Según apunta Agustín Pallarés en su Historia de Lanzarote, aquel genovés Lanzaroto del que bien puede proceder el nombre de la isla, Lanzarote, “había hecho construir (un castillo) el año 1312” y su ubicación pudo estar en la base del volcán de Guanapay atendiendo a recientes descubrimientos. “En agosto de 2004 – cita Pallarés – fueron descubiertos por Agustín Pallarés Lasso en la altiplanicie de La Torre, la meseta que está adosada al volcán de Guanapay por su lado sur, un espacio de terreno que muestra señales inequívocas de haber servido de solar a un edificio de corte europeo de cierta magnitud”.

Esta zona de La Torre es por la que transitamos caminito a Guanapay y a su Castillo alzado en su cúspide, mandado a construir en el Siglo XVI y que ejercía de vigía y lugar de resguardo cuando la isla era atacada por piratas berberiscos.

Castillo de Guanapay, Teguise. Fotografía: Josechu Pérez Niz.
Castillo de Guanapay, Teguise. Fotografía: Josechu Pérez Niz.

La panorámica es muy bestia en este primero de noviembre despejado y que desde Guanapay nos regala el desierto de Soo, su Pico Colorado, pero sobre todo el esplendor de Teguise que parece una preciosa maqueta. 

Teguise, brillo y señorío

El descenso a La Villa desemboca en La Gran Mareta y a partir de ahí, adoquín, brillo y señorío, el porte de la antigua capital lanzaroteña deslumbra. La de pasos que habremos dado por su callejuelas, sus cruces y postigos, bajo sus árboles y buganvillas…y que siga produciéndonos esta sonrisa boba: “Esto es un punto y aparte, Fernández”. Vean. 

Teguise, brillo y señorío. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
Teguise, brillo y señorío. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
León que ruge. Teguise. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
León que ruge. Teguise. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
El cartero siempre llama dos veces. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
El cartero siempre llama dos veces. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

Frente a este escenario, ¡qué quieren que les digamos! Pues que no caminábamos sino que flotábamos, pero había que seguir y en buena hora, todo lo que sube…baja. En la salida noroeste de la Real Villa de Teguise, con su Ermita de San Rafael y sus caleras, prosigue la vereda en busca de Famara, allá donde se cruzan todos los caminos. 

Ermita de San Rafael, Teguise. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
Ermita de San Rafael, Teguise. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
Las caleras de Teguise.
Las caleras de Teguise.

"Voy cruzando el Río, sabes que te quiero"

8 kilómetros de bajada relajada, ya decíamos que todo lo que sube…baja, por las laderas del Risco de Famara. Un dispendio de belleza: el Río que ya asoma inmenso, el Risco inconmensurable, La Graciosa y sus contornos amarillentos y bermejos, Montaña Clara, Alegranza…¡Qué perdición!

Vislumbrando El Río, llegando a Famara. Del Mar al Río: Sendero Costa Teguise-Famara. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
Vislumbrando El Río, llegando a Famara. Del Mar al Río: Sendero Costa Teguise-Famara. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

Cientos de surfistas con los mofletes embadurnados de crema solar, otro centenar de paseantes que contemplan presumidos sus reflejos proyectados en la orilla, chinijos libres correteando en círculo y dos bañazos imperiales, por turnos, de este par de caminantes. 

Famara, paraíso.
Famara, paraíso.

La queríamos más fría, para oxigenar las patas, pero sabíamos del agua templada de Famara que sin embargo te permite chapuzones de 20 minutos.

Del Mar al Río, 22,5 kilómetros de felicidad cocinada a fuego lento, travesía del pasado que mira al futuro, de Costa Teguise a Famara, juez y parte todos de tus andanzas. 

Vivido: 1 de Noviembre de 2022 de 7:10 a 11:50 am. 

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