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Lanzarote Confinada: Famara

Lanzarote Confinada: Famara

Lanzarote Confinada: Famara (III)

Famara y Playa de Famara, 20 de abril de 2020. 17:00 pm.

A la altura del Monumento del Campesino en el coche sonaba “Something“, en concreto esta versión prodigiosa que dedicaron al autor, George Harrison, en el concierto homenaje un año después de su muerte.

Tuvo que ser ese primer verso, misterioso e inabordable, “hay algo en la forma en que se mueve”, que ya se me metió en la cabeza y de ahí a su encuentro, mordiéndome el labio superior como si fuera Sharon Stone por el Complejo Agroindustrial, para una vez enfilada la carretera del valle de jable entregarme por completo al estribillo:

“Me estás preguntando si mi amor crecerá:
No lo sé, no lo sé.
Quédate conmigo y puede que se manifieste”

La pequeña vía de asfalto carcomido que se las ve y se las desea para sobrevivir al dunar de Famara, aquella en la que aparcábamos de milagro, entre surfistas que se despelotaban en su furgo tras horas de abrazos atlánticos, hoy es un desierto al que solo le falta una aulaga viajando en dirección “Guacimeta”. ¡Cuán relativo es todo! Mientras admiro el Risco, La Graciosa, Montaña Clara y Alegranza…echo de menos el trajín de coches, chaques y tablas, rubias y hasta a los rubios. A todos ensalitrados se les añora.

Porque estando como estaba todo, Famara, su Risco, su horizonte, todo abierto en canal y en estado puro, el poderoso rugido del Atlántico, su brisita juguetona, en fin, wild life elevada a la enésima potencia, pues como que le faltaba “Something” (mira, ya volvió la canción).

Famara Confinada.
Famara Confinada.

Y por faltar, faltaban unas cometas haciendo un valls en el cielo, un pack de cervezas heladas, un libro, una legión de gimnastas artísticos con sus tablas, una pareja que camina en pos del Papelillo, las tres jóvenes que cholas en mano tonifican glúteos, unas palas que golpean una pelota y abren el sudor para el chapuzón que va a saber a gloria, unos chinijos sometidos a inspección ocular por su madre, y unos bebés con media playa en sus ojos y en la boca…

“Hay algo en la forma en que se mueve” que no termina de convencerme. Y si mi preguntas “si mi amor crecerá”, y al contrario de lo que cantaba Harrison, te respondo que sí, “mi amor crecerá cuando tú estés en Famara”.

Vivido en Famara, 20 de abril de 2020, 17.25 pm.

 

Lanzarote Confinada: La Tiñosa, Playa Primera, Playa Segunda y Playa Tercera (II)

Puerto del Carmen, 20 de abril de 2020. 15:30 pm.

“Océanos en calma se harán en noches largas.
Mar cálido, mar bravo, mar nuestro, mar salado.
Mareas en movimiento que en el peor momento.
Nos funda en un abrazo y sea el final del cuento”

Rosana Arbelo, En el mar más profundo, Lunas Rotas.

El mar es el sueño soñado de Rosana y seguro que también fue el de Calderón.

Si me lo permiten les digo que el mío, mi sueño, lo es sin ningún género de duda.

Y por eso supongo que aquellas playas, Primera, Segunda y Tercera al decir de los tiñoseros de cuando éramos chinijos, resultan un imán para esta segunda incursión de Lanzarote Confinada.

¡Qué paradoja esta! En la vida había visto estas playas tan inmaculadas y lejos de decir, sí, las quiero así siempre…me ha parecido mala señal. Las prefiero con restos del paso del dichoso ser humano.

Significará eso, la suciedad, que estaremos acercándonos a lo que era la felicidad, esa que se nos ha escapado de entre los dedos en un visto y no visto.

Esta tragedia. El que iba a ser el mejor hotel de Lanzarote, a punto de reabrir sus puertas, y que ocurra ello, parece que vuelven a la obra al ralentí, al tuntún…miren esta cala maravillosa, esperando por guiris canosos en bata blanca y frioleros. Confínense, guiris, y en cuanto pueda, ya saben, vengan pacá.

La Playa Segunda o Cueva de Doña Juana o la Playa del Hotel Fariones Lanzarote Confinada.
Lanzarote Confinada: La Playa Segunda o Cueva de Doña Juana o la Playa del Hotel Fariones.

La remodelación del hotel ha traído consigo una excelente noticia. Ya no tendremos que quemar tuneras en las noches de verano para aligerar la vereda en dirección a la playita segunda, la del hotel. Ellos ponían tuneras para impedirnos el paso, ¿te acuerdas? Yeah, por el caminito del medio, fogalera y andando.

Estos tiempos aseados en que el hotel se curra hasta un paseíto de piedra y cristalera, ¿eh? No hemos avanzando ni nada. Desde Playa de la Barrilla, o Playa Chica o Playa Primera, en fin, ustedes saben, al lado del Muelle Chico, hasta la Playa Grande. Un bulevard estrechito y coqueto a más no poder. Oye, que lo vi yo hoy, precisamente hoy con mis ojos. Y que llegué allí, a Playa Grande, y esta limpieza y pulcritud, y este desierto, ¡qué impotencia!

Volvemos al inicio, a la primera, a la Playa de la Barrila, y también como al principio volvemos a recitar los versos de Rosana:

“Mareas en movimiento que en el peor momento.
Nos funda en un abrazo y sea el final del cuento”.

De este triste cuento.

Vivido en Puerto del Carmen, 20 de abril de 2020, 16.30 pm.

 

Lanzarote Confinada: Costa Teguise en bradicardia (I)

Costa Teguise, 19 de abril de 2020, 12 am

¿Cuál es la apariencia de la Lanzarote Confinada? Y sobre todo, ¿qué supone enfrentarse a ella así, desprovista de todo signo de vida? Esta es la idea, describir y dejar testimonio de esas sensaciones que provoca ver, oír y oler a la isla completamente desnuda.

Y lo haremos de la única forma posible, a pie de calle. Entiéndase, pues, que es nuestro trabajo, contar lo que pasa, aunque sea la nada aparente.

Avenida de Bastián, Costa Teguise. Lanzarote Confinada.

Avenida de Bastián, Costa Teguise. Lanzarote Confinada.Ni un caminante, ni un runner, ni un ciclista, ni un bañista. No huele a crema solar, ni a cerveza ni sangría, ni a pizza crujiéndose en el horno, ni al pescado del Villa Toledo. No se escucha el acordeón del señor que amenizaba a base de “Amapola, lindísima Amapola”, ni el bullicio de los chinijos en la orilla ni en los parques aledaños al paseo de Bastián de Costa Teguise.

Sólo se escucha el viento, a las palomas que “buchúan” y algún ladrido suspendido en el aire de un perro.

Por sacarle lo único positivo a este paisaje desolador es que no hay ningún guiri con un patín eléctrico haciendo el cabra loca. El resto resulta absolutamente depresivo ya que la comparación con lo que era la realidad atraviesa la mente…y hiela el corazón.

Parque infantil sin niños. Costa Teguise. Lanzarote Confinada.
Parque infantil sin niños. Costa Teguise. Lanzarote Confinada.

Echo a andar en dirección norte en busca de hoteles con piscinas vacías y hamacas apiladas. El Jablillo sin socorrista, ni sombrillas, ni Sea Trek, ni nadadores en chaque aprovechando la mejor piscina de aguas atlánticas, ni adolescentes fumándose risas apostados en las rocas como si fueran lagartijas mientras escuchan tonto reguetón.

Estas máquinas, hoy quietas paradas, son una señal del viaje largo y tortuoso que nos espera para volver a lo que sea la normalidad. Volvieron al trabajo el pasado lunes para rematar el Paseo de Las Cucharas.

Obras paralizadas en el Paseo de Las Cucharas, Costa Teguise. Lanzarote Confinada.
Obras paralizadas en el Paseo de Las Cucharas, Costa Teguise. Lanzarote Confinada.

Lo descorazonador está al fondo: ni un windsurfista en la cuna del windsurf de Lanzarote. Una zodiac varada y que aparenta ser un signo de interrogación al acecho de respuestas: ¿Cuándo podrán volar con destino a Lanzarote? ¿Cuándo abrirán los hoteles? ¿Cuándo? ¿Cuándo? Podrías desmenuzar la pregunta de mil formas hasta llegar a la raíz y seguiríamos con la misma incertidumbre, “no lo sabemos”, trágica para los oídos.

Llego al Meliá Salinas y me encaramo a un pedrusco que me sirve de plataforma para vislumbrar los jardines diseñados por César Manrique. Aquí mantienen las piscinas llenas y el asunto es que resultan más impactantes que las del Teguise Playa, completamente vacías.

Comprobar que nadie disfrute ni le saque el jugo a todo ese lujoso paisaje, por cierto recién remodelado y acicalado, hace que la herida sea mucho más profunda. Es como dejarte solo en una fábrica de chocolate y no poder probar ni un gramo.

La playita del Meliá Salinas. Lanzarote Confinada.
La playita del Meliá Salinas. Lanzarote Confinada.

De los jardines manriqueños a la calita del hotel que hoy luce sus mejores galas apenas hay una decena de pasos. Con pleamar está para sumergirse de cuerpo entero, pero ni podemos, ni mucho menos debemos.

Hasta aquí la zona de litoral y por ahora la única vida caminante fue una señora con un perro a la altura del restaurante El Maestro, un gato en el parking de Los Charcos, y un agente de seguridad del hotel HD. Atrás dejo el mar y me encamino a una de las arterias de mayor vidilla de Costa Teguise, la Avenida Islas Canarias.

A la altura de Los Zocos me pongo en el centro de la carretera y, guardando las distancias, recuerda a lo que vivió en sus carnes Eduardo Noriega en “Abre Los Ojos” cuando se encontró solo y pequeñajo en La Gran Vía.

Solo la Farmacia en la que está la colegui Paz Zarza dispensando paracetamol y lo que se tercie, y el Guachinche de Luis (comida para llevar) tienen sus puertas abiertas. También la Guardia Civil y la Policía Local están al pie del cañón. Me piden el permiso, se lo muestro y me dan el pase para que siga de ruta.

Al contrario de lo que cantaba Dylan, la respuesta no está flotando en el aire ni tampoco está danzando el aroma de ninguna carnuza al grill de La Bohemia o El Bocadito, los dos altares carnívoros de Costa Teguise. El drama adquiere toda su dimensión cuando alcanzo el parque de El Cochino Cojo y Txapela.

Estos balsámicos 20 metros cuadrados donde soltábamos a los chinijos para que corrieran, saltaran, se pelearan, se reconciliaran, gritaran, lloraran mientras nosotros nos dedicábamos a refrescar el gaznate mediante una ración de cañas y gildas. Lo que daría uno ahora por las gildas y las rabas del domingo. Por echar uno echa de menos hasta al mesonero Ángel y su empática manera de andar por el mundo. “Unas gildas, Angelito, unas gildas”.

De vuelta al punto de inicio dio tiempo de recorrer el Pueblo Marinero cuyo aspecto es otoñal debido a la colección de hojas secas que decora la plaza principal, y ya en el aparcamiento de Bastián, justo antes de montarme al coche, vuelve la pregunta: ¿Cuándo? Ahí sigue, sin flotar en el aire.

Uno mira a la marea y al cielo, y cae que ellas son las únicas dos cosas que permanecen exactamente iguales. Inmutables y homologables a nuestra vida anterior.

Vuelvo a mirarlas y me agarro a ellas con toda la fuerza del mundo.

Hay que confiar.

Vivido en Costa Teguise, 19 de abril de 2020, 13 pm

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