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Serv.Aparcamiento.

El Caletón Blanco

Pequeña calita de jable blanquecino, insertada entre el espectacular manto volcánico del malpaís de Corona y los charcos de baja profundidad de bellos tonos azules. Se respira un ambiente de tranquilidad extrema a pesar del rugido oceánico y el silbido del alisio. 

La preciosa estampa de la playa se enriquece con un marco medioambiental de altura: aves migratorias sobrevolando el cielo, las dunas que bordean las riadas de lava y cabosos y burgaos revoloteando en los charcos del Caletón Blanco. 

El Caletón Blanco es la cala del borde costero del Monumento Natural del Volcán de la Corona, cercana al pueblo pesquero de Órzola. La playita impacta por su jable finísimo, de intenso color blanco, que juguetea con el gigantesco manto de malpaís volcánico. Ya en el Atlántico, las coladas volcánicos se adentran en el mar formando unas atractivas charcas, de baja profundidad, cuyas aguas permanecen en calma, en contraste con la bravura del océano del noreste lanzaroteño.  

El Caletón Blanco, pintura de Jorge Marsá

En su conjunto, la estampa paisajística deslumbra por ese crisol imposible de jable, malpaís volcánico colonizado por el líquen (una florecilla verde que brota de la lava), la vegetación en forma de verodes y tabaibas que salpican la alfombra de arena y las exóticas tonalidades azules de las piscinitas.

Los charcos del Caletón Blanco son de baja profundidad y sus aguas siempre están en calma

A la estética del lugar se le añade su riqueza medioambiental, ya que acoge en su seno valiosos ecosistemas costeros como los saladares y las dunas, mientras que en los charcos revolotean y se incrustan especies como los burgaos, los cabosos, los camarones, los cangrejos y los erizos. Sobrevolando el cielo y en plena orilla atlántica es frecuente observar diferentes aves, que encuentran en este rincón ecológico un espacio ideal de descanso en sus rutas migratorias. En este sentido, el Caletón Blanco constituye una plataforma excelente para hacer coincidir un día de playa con una jornada educativa y divertida para los más pequeños de la casa. 

El Caletón Blanco es un rico ecosistema con saladares y dunas

Cuándo ir al Caletón Blanco

El noreste lanzaroteño padece casi todo el año una meteorología adversa, sobre todo condicionado por su alta exposición al viento. La sabiduría popular pone remedio al alisio con la proliferación de pequeñas guaridas de forma circular, construidas con piedra volcánica, que se posan sobre el jable. El emplazamiento del Caletón Blanco, inmerso en la falda de Corona, limita la incidencia del viento, posibilitando la estancia en la cala incluso en los días más ventosos. 

El jable blanco rodeado de malpaís y los charcos de bellos tonos azules

Si el paseo por esta playa resulta placentero, esa sensación deriva en sublime en jornadas de fuerte calor o de una tímida presencia del viento (entre 10-15 nudos, consultar windguru). En esas circunstancias, coincidente con el último cuatrimestre del año (septiembre-diciembre), el chapuzón en el Caletón Blanco no tiene comparación con las sofocantes playas de masas de Puerto del Carmen o Playa Blanca.

Estará rodeado de un clima sereno, frente a postales tan diversas como la silueta fantasmal de Pedro Barba (La Graciosa), el inquietante Roque del Este que emerge de las profundidades del Atlántico o Punta Fariones, un risco de formas imposibles que pone límite noreste a Lanzarote y abre una ventana a un mundo nuevo: Archipiélago Chinijo.

Las tabaibas salpican el manto de jable y malpaís

Con o sin viento, con bañador o sin él, de ruta norteña por Lanzarote no debe dejar pasar la experiencia de pisar sobre el manto de jable blanco de esta cala. La experiencia turística, tras visitar Jameos, Cueva de Los Verdes o el Mirador del Río, se enriquece de manera notable. 

Más sobre el Caletón Blanco:

- En el Caletón Blanco, pintura de Jorge Marsá.