La señalética de Puerto del Carmen la bautiza como Playa Chica. Sin embargo, el nombre originario de esta calita familiar es Playa Pila de la Barrilla. Los antiguos lugareños de La Tiñosa aprovechaban los afilados riscos que hacen de diques naturales en la zona de baño como pila donde machacar la barrilla, una planta de la que se obtenía la sosa para fabricar jabón. Esta actividad fue uno de los pilares económicos de Lanzarote en los siglos XVIII y XIX.

Además de servir como pila para la barrilla, la playa tenía también un uso recreativo para las gentes de La Tiñosa y de pueblos cercanos como Tías, Mácher o Conil. El baño estaba limitado a siete días al año, alrededor de cada festividad de San Juan. Venían y se iban caminando desde Tías: las jovencitas en un lado de la playa, los jovencitos en el otro, un mayor al cargo vigilando en medio, para asegurar que no se mezclaran.

Hablamos de principios del siglo XX, en torno a 1915-1920. El límite de siete baños al año se justificaba con un engaño piadoso: “si te metes un octavo día, te saldrán ronchas”. Una advertencia que mantenía a los muchachos más tiempo en el campo, cuidando los arenados, plantando o recogiendo papas, tomates, cebollas, vendimiando o ayudando en casa.
Otro motivo para visitar Pila de la Barrilla en aquella época tenía que ver con la escasez de agua doméstica. La poca que caía del cielo y lograba almacenarse iba destinada al campo. En procesión, de nuevo desde Tías, burro o camello mediante, cargaban los colchones de lana de oveja para que el Atlántico los higienizara. Mientras se secaban al sol, los lugareños compartían un sancocho con higos picones. Y después, vuelta a Tías para seguir trabajando.

Hoy, mientras se escriben estas líneas (21 de agosto de 2024, 9:30 h), solo unos pocos bañistas disfrutaban de los saludables dominios de Pila de la Barrilla. En apenas una hora, la playa estará llena: cientos de personas tomando el sol y entrando al agua.
Balde, pala y rastrillo, crema solar factor 50, sombrilla, polos y cornetos, cholas y escarpines, palas y pelotas, sillas y colchones hinchables, buggies y chapaletas, bañador, bikini, calzones… hoy sin límite de siete baños al año. Por supuesto, aquellas chicas de 1915-1920 no tenían bañador ni bikini, sino vestidos desgastados que nunca se tiraban, siempre guardados “por si acaso”.
Una de aquellas muchachas es la fuente indirecta de esta historia. Tras aquellos baños juveniles, no volvió a Pila de la Barrilla hasta 55 o 60 años después. En medio se hizo mujer, aprendió corte en Arrecife, esperó a su futuro marido que sirvió en África y dio a luz a nueve hijos. Hacia 1980, uno de ellos la llevó en coche al entorno de la playa. Donde antes era un descampado, encontró apartamentos, hoteles, coches, trasiego. Imaginen sus ojos, pónganse en su lugar. No bajó del coche: a punto de llegar se cruzó con unas turistas nórdicas en bikini, se persignó y pidió a su hijo que la llevara de vuelta a casa.
✍️ Nota: la historia narrada tiene dos fuentes indirectas. Sobre los siete días de baño al año, las ronchas, la urticaria y los vestidos usados como bañadores, la fuente es Carmen Hernández Hernández. Sobre el lavado de colchones, el sancocho y los higos picones, la fuente es Matula García Hernández. La fuente directa de ambos relatos, y del reencuentro de Carmen con la playita 55-60 años después, es Ramón Pérez Hernández, hijo de Carmen y primo de Matula.
Playa Pila de la Barrilla
🏖️ La playita familiar preferida por los visitantes de Puerto del Carmen. Coqueta, bien refugiada del viento y de excelentes aguas turquesas.
📍Playa Pila de la Barrilla, Puerto del Carmen: MAPA.