Historia de La Graciosa: De embarcadero de corsarios a paraíso naturista

Historia de la isla de La Graciosa. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

La historia de La Graciosa es una historia de titanes, la de sus hombres y mujeres que en sus apenas 27 kms cuadrados de superficie (la de mayor dimensión y la única poblada del Archipiélago Chinijo) han tejido sus vidas enfrentados a la incomunicación y el aislamiento, amansando al mar (cuando éste se dejaba) y nutriéndose de las ricas aguas que la rodean. 

Según nos recuerda Agustín Pallarés en su Resumen Histórico (Lancelot, 1994): La Graciosa y Lanzarote están separadas por un brazo de mar llamado El Río, y en su parte más estrecha, la franja comprendida entre las puntas de Los Corrales (La Graciosa) y del Callao (Lanzarote), mide 1 kilometro.

Vista desde el cielo, El Mirador del Río o cualquier otro punto del Risco de Famara (noroeste de Lanzarote), le despertará la curiosidad por conocer sus orígenes y su devenir histórico. He aquí un breve itinerario que le servirá para dar respuesta a su sed por saber. 

1) El origen de La Graciosa: Hace unos cientos de miles de años

Como el resto de las Islas Canarias, La Graciosa nació en las profundidades del Océano Atlántico hace unos cientos de miles de años a raíz “de una gran fractura tectónica que siguió, como ha sido norma más generalizada en las manifestaciones eruptivas de Lanzarote, el arrumbamiento SO-NE”, señala Pallarés en su obra reseñada con anterioridad. “Así lo atestigua claramente – prosigue el autor – la alineación de sus conos volcánicos de Montaña Amarilla, la del Mojón y las dos Agujas”. 

Llegando a la Playa de Las Conchas de La Graciosa Vista Espectacular de Montaña Clara Fotografía Ramón Pérez Niz
Montaña Bermeja limitando la Playa de Las Conchas. En el horizonte Montaña Clara. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

La superficie de la isla quedó configurada en su perímetro casi como la vemos en la actualidad, “salvedad hecha de las modificaciones introducidas por el último volcán de Montaña Bermeja, mucho más moderno, en el extremo norte de la isla”. Bermeja es la montaña que cobija a una de las playas más paradisiacas de Canarias, Las Conchas

Otra diferencia es la lógica retracción de su litoral como consecuencia del desgaste de la abrasión marina, pero en esencia, La Graciosa es la misma que emergió del fondo oceánico durante la segunda serie efusiva del Cuaternario. 

2) ¿Por qué se llama La Graciosa?

Cuando chinijos, en la escuela, nos contaron que su nombre partió de la expedición conquistadora española que comandaba Jean de Bethencourt (año 1402), que al aproximarse a esta isla la vieron tan menudita, tan atractiva, que suspiraron por ella: “¡Qué graciosa!”. En nuestra escuela daban por buena la explicación de los historiadores de finales del siglo XVI, Torriani por un lado y Abreu Galindo por otro. 

Vista aeréa de Playa Francesa La Graciosa Fotografía Ramón Pérez Niz
Bahía del Francés, La Graciosa. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

Sin embargo, la historia “hollywodense” es pura ficción, puro Hollywood. Seguimos citando a nuestro estudioso Pallarés: “El nombre (La Graciosa) figura en documentos anteriores a la llegada de la expedición de conquista a las Canarias, como es el caso de la crónica de Enrique III, e incluso desde mucho antes en el curioso Libro del Conosçimiento, de mediados del siglo XIV”. En consecuencia, su bautismo, La Graciosa, fue anterior a la llegada de los navíos y de la incorporación de Lanzarote a la Corona de Castilla. 

Las primeras referencias de La Graciosa en los libros: 

  • Libro del Conosçimiento (mediados siglo XIV): 

“Sobí en vn leño (tipo de embarcación de la época) con vnos moros e llegamos a la primera isla que dizen Gresa e apres della es la isla de Lançarote…”. 

  • Crónica Enrique III (1393): 

“En esta año (…)fallaron la isla de Lançarote junto con otra isla que dicen La Graciosa…”.

3) La Graciosa como embarcadero

Durante siglos las excepcionales condiciones de abrigo del canal de El Río sirvieron de paradero socorrido “para las tripulaciones de muchas de las naos que tenían como paso obligado las aguas de nuestro archipiélago”, apunta Pallarés.

La primera noticia debidamente documentada al respecto, ahora sí, “está directamente relacionada con un hecho de gran relevancia histórica para las Canarias, cual es el de la arribada inaugural en julio de 1402 de la expedición de conquista europea al archipiélago”.

El Río como fondeadero durante siglos. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
Playa El Salado, La Graciosa. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

El manuscrito De Le Canarien, redactado por los clérigos que acompañaron dicha expedición, da fe de ello:

“Luego partieron del puerto de Cádiz y se internaron en alta mar, y tuvieron tres días de bonanza sin apenas adelantar en el camino; después mejoró el tiempo y en cinco días llegaron al puerto de la isla de La Graciosa y desembarcaron en Lanzarote”.

Se interpreta que La Graciosa ejerció de base logística en las primeras operaciones de los conquistadores con los nativos de Lanzarote, los majos, “hasta que habiendo acordado con el régulo ‘majo’ Guardafía un pacto de mutuo respeto y colaboración, los expedicionarios se trasladaron al sur de la isla, donde establecieron su cuartel general construyendo el castillo de Rubicón y demás anejos del campamento militar”. 

4) El poblamiento de La Graciosa

Tras la Conquista La Graciosa estuvo despoblada, varada en el Atlántico como parada de descanso, embarcadero, de piratas que asolaban el Archipiélago. Según apunta Alex Brito en su Rubicón “desde la llegada de los normandos hasta mediados y  finales del siglo XVIII en que fue visitada por George Glass o en otra expedición por el naturalista Alexander von Humboldt en su camino hacia el Nuevo Mundo. Durante este tiempo, la isla permaneció despoblada”.

Sus dominios también tuvieron otros usos durante esta época: “utilizada por los lanzaroteños como pastizal en la que dejaban sus ganados y como fuente de obtención de diversos productos alimenticios como pescado, marisco, aves y conejos, ya que el primer marqués la había cedido en el siglo XVI al cabildo insular como bien comunal”.

La Graciosa, isla solitaria durante siglos. Vista del noreste de la isla. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
La Graciosa, isla solitaria durante siglos. Vista del noreste de la isla. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

Permaneció así hasta finales del siglo XIX cuando “a principios de la década de 1870, el teniente de navío de la Armada Ramón de Silva Ferro presentó un proyecto para ejercer la pesca en la costa occidental de Marruecos e instalar una industria de salazón y seca de pescado en La Graciosa”.

La búsqueda de financiación para tal empresa duró 10 años: “en 1880 se crea la S.A. Pesquerías Canario-Africana cuyo objetivo era el desarrollo de la industria de pesca y salazón así como la fabricación de productos derivados de la industria pesquera. En 1881 se construyeron varios edificios y se trajo personal marinero desde Lanzarote, pero la empresa quebró dos años después y se repartieron las instalaciones entre los pescadores de la isla”. 

La industria de la pesca y la salazón motivó el poblamiento de La Graciosa a finales de siglo XIX. Pescados al sol. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
La industria de la pesca y la salazón motivó el poblamiento de La Graciosa a finales de siglo XIX. Pescados al sol. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

Se tiene por asumido, apunta el historiador Brito, “que este fue el inicio del poblamiento continuado de la Graciosa”. Sin embargo, continúa Brito, “el investigador Agustín Pallarés señala que, tras obtener datos orales de la primera persona nacida en la Graciosa (ocurrido el 1 de Enero de 1889), parece que los primeros pobladores fueron cuatro matrimonios procedentes de Haría pero establecidos en Arrieta como pescadores. Y que debieron hacerlo en la segunda mitad de la década de 1880 tras el cierre de la sociedad de pesquería”. 

5) Caleta del Sebo y Pedro Barba

El siglo XX confirma el poblamiento de La Graciosa cuya capital es Caleta del Sebo, enclave principal donde han desarrollado sus vidas medio millar de naturales. Otro pequeño reducto urbano se encuentra en el sureste de la islita, en Pedro Barba. 

Caleta del Sebo, capital de La Graciosa. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
Caleta del Sebo, capital de La Graciosa. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

Aislados durante buena parte de siglo XX ya que según nos recuerda Alex Brito “hasta 1957 no se creó un pequeño embarcadero en Órzola, luego transformado en muelle, que permitiese la mejora de las comunicaciones a través del Risco”. Un poco antes, en la década de los cuarenta, “se crea el cementerio y la ermita de la isla, lo que permitió a los gracioseros no tener que llevar sus muertos hasta Haría, como hacían hasta entonces”.

Administrativamente, La Graciosa dependía del Ayuntamiento de Teguise, aún se mantiene esta relación, sin embargo en 2018 es declarada como la octava isla de Canarias.  

6) La pesca como modo de subsistencia

Aquella “Sociedad”, así llamaban a la primera empresa que se instaló para activar la industria pesquera en la isla, derivó en Cofradía de Pescadores, principal modo de subsistencia y seña de identidad del mundo graciosero, bien presente todavía a pesar del éxito turístico de un tiempo a esta parte. 

Gracioseras de vuelta a La Graciosa. Bajando El Risco de Famara.
Gracioseras de vuelta a La Graciosa. Bajando El Risco de Famara. Fotografía: Lancelot Digital.

A falta de conexiones regulares solo quedaba cruzar el Río, ascender el Risco e intercambiar pescado por papas, cebollas…con las gentes del norte de Lanzarote. A ello se empleaban las mujeres gracioseras que a su regreso al nivel del mar, en la playa Bajo el Risco, encendían las tegalas para que vinieran en su busca y regresar a Caleta del Sebo. 

El Camino de los Gracioseros sigue en pie, aunque hoy se asciende y desciende en plan ocio. Atrás quedó, por fortuna, el hacerlo por necesidad. 

7) Parque Natural y la mayor Reserva Marina de Europa

El 9 de mayo de 1986 se decretó el nombramiento del Parque Natural de los Islotes del Norte de Lanzarote y de los Riscos de Famara. Esta ley vino a reafirmar los altos valores naturales (geológicos, botánicos y faunísticos) y paisajísticos de los islotes de Alegranza, Graciosa, Montaña Clara, Roque del este y Roque del Oeste junto a la franja del Risco de Famara y venía a garantizar (al menos la intención de la ley) la protección de estos territorios para evitar su deterioro. 

Parque Natural del Archipiélago Chinijo. Montaña Clara desde el norte de La Graciosa. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
Parque Natural del Archipiélago Chinijo. Montaña Clara desde el norte de La Graciosa. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

La riqueza natural de La Graciosa y sus islotes también se aprecia en las aguas atlánticas que las bañan, desde 1995 la mayor Reserva Marina de Europa. 

De forma rectangular y una extensión de 70.439 ha, sus aguas son ricas en nutrientes, debido a un afloramiento de aguas frías y ricas en pesca, lo que ha sido durante años la actividad principal de los habitantes de la Isla Graciosa.

Con esta reserva marina se prolonga al medio marino la protección ya existente en la parte el terrestre del Parque Natural del Archipiélago de Chinijo. Esta reserva se dirige a la regeneración de los recursos objetivo de la actividad pesquera considerada más tradicional de la zona y cuyos artes de pesca, permiten capturas más selectivas.

8) El sueño soñado de muchos visitantes

Con todo, y pese a todo, La Graciosa es una joya que recuerda al Lanzarote de ayer, y desde los 80 del siglo pasado ha sido asediada por millares de visitantes que buscan en sus dominios la paz, el sosiego, la autenticidad de una vida que se rige por el sol y la luna. 

Turistas llegando a La Graciosa. Puerto de Caleta del Sebo. Fotografía: Ramón Pérez Niz.
Turistas llegando a La Graciosa. Puerto de Caleta del Sebo. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

La isla, recuerden con una población regular de 500 habitantes, soporta un volumen de visitantes en temporada alta de unas 2.000 personas/día. Aún así sigue siendo una experiencia brutal la de pasar, al menos, un día recorriendo sus playas impresionantes, degustando su rica gastronomía y perdiendo la mirada en su naturaleza desértica. 

Disfrútela como merece el lugar: respetando su naturaleza y ese pulso hombre/mujer con la propia naturaleza esculpiendo historias gigantescas. 

La conexión a día de hoy, superadas ensoñaciones de teleféricos, sigue siendo a través del puerto de Órzola (Lanzarote).  

"Quiero leer más sobre La Graciosa"

Pues no nos extraña que se te haya abierto el apetito por saber más. Te ofrecemos algunos links de interés. 

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Llegando a la Playa de Las Conchas de La Graciosa Vista Espectacular de Montaña Clara Fotografía Ramón Pérez Niz
Lanzarote3.com, desde 2013 recorriendo Lanzarote en busca de su esencia. Fotografía: Ramón Pérez Niz.

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