La historia de Teguise arranca en la gran aldea prehispánica que, tras la conquista, se convirtió en capital política y religiosa de Lanzarote. Acunada por la Montaña de Guanapay, la villa señorial vivió seis siglos de luchas frente a piratas, dominio señorial, emigraciones y un patrimonio que hoy la convierte en uno de los pueblos más bellos de España.
De obligada visita, este relato acompaña el paseo por sus calles adoquinadas mientras se descubre su pasado y se disfruta de su monumental belleza.
1) La tercera ciudad de Canarias
En 1418, poco después de la conquista normanda de 1402, Teguise se consolida como núcleo urbano. Maciot de Bethencourt, sobrino de Jean de Bethencourt, se instala en la villa junto a su esposa, la princesa Teguise, hija del último rey majo, Guardafía.

Desde entonces, la villa se erige en centro de poder con Cabildo, escribanía y beneficio propio. Fue la tercera ciudad de Canarias, tras Rubicón (en el sur de Lanzarote) y Betancuria (en Fuerteventura). A finales del siglo XVI contaba ya con 120 viviendas y dos iglesias.
La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, levantada en torno a 1445, es su primer gran monumento religioso. Piratas y un incendio en 1909 marcaron su historia antes de adquirir el aspecto actual.
2) Los señores de Lanzarote
Ya bajo la Corona de Castilla, el marqués Agustín de Herrera erige su palacio en pleno corazón de Teguise, a escasos metros de la iglesia de Guadalupe.

La villa conserva ese aire señorial en casas, conventos franciscanos y dominicos, con un urbanismo pensado para realzar los principales edificios religiosos.
3) Capital insular hasta 1852
Durante siglos, todo Lanzarote debía rendir cuentas en Teguise. Allí se centralizaba el poder señorial y se cobraba el «quinto» a los vecinos.

La capitalidad pasó a Arrecife en 1852, cuando su puerto se convirtió en motor económico de la isla. Aun así, Teguise conserva el título honorífico de capital y el Palacio Spínola sigue siendo la residencia oficial del presidente del Gobierno de Canarias cuando visita Lanzarote.
4) Sangre, sudor… y piratas
La riqueza de Teguise atrajo constantes incursiones de piratas berberiscos. Para defenderla se levantó el Castillo de Guanapay, en la cima de la montaña homónima, con una visión completa de la isla y sus mares.

El Callejón de la Sangre recuerda los combates que enfrentaron a vecinos y piratas. El historiador Álex Brito relata: «Entre 1569 y 1586, Lanzarote fue objeto de tres asaltos piráticos (…) En la de 1571, el Marqués de Herrera logró reunir a los vecinos y mataron a un gran número de los asaltantes (…) En la de 1586 sucedió al contrario y fueron varios los vecinos que murieron en ella».

5) Granero, despensa y maretas
La Vega de San José surtía de cereales a la isla. Para el agua se construyó la Gran Mareta, hoy plaza central y epicentro del Mercadillo dominical.

La Cilla, otro edificio clave, almacenaba el «diezmo» que los habitantes debían entregar a la Iglesia. Según Álex Brito, «los cereales que se entregaban se conservaban en estos graneros denominados cillas.

Dada su condición de capital insular, Teguise custodiaba el granero más importante, debido a la relevancia de Lanzarote como isla cerealística en el Antiguo Régimen».
6) Personalidades y tradiciones
Seis siglos de historia han dado a Teguise un legado cultural único. Figuras como Leandro Perdomo, José Betancort Cabrera «Ángel Guerra» o el naturalista José Clavijo y Fajardo dejaron huella. También la saga de las hermanas Spínola, impulsoras del teatro en la isla.

A ello se suman tradiciones como Los Diabletes, que recorren las calles cada Carnaval con máscaras y látigos, símbolo de la memoria festiva de Teguise.

Teguise, antigua capital de Lanzarote, resume en sus calles adoquinadas la historia de la isla: de la gran aldea majo a villa señorial, de los ataques piratas a la capitalidad, del diezmo en La Cilla al mercado artesanal. Hoy, reconocida entre los pueblos más bonitos de España, sigue siendo parada imprescindible en cualquier visita a Lanzarote.