En su larga travesía, Yaiza ha vivido de todo: su nacimiento motivado por los asaltos piráticos en la costa rubicense, ejercer de granero de Canarias, verse amenazada por el fuego del volcán, sufrir la diáspora provocada por la lava, una riqueza incipiente por el comercio de la barrilla, épocas de pobreza y necesidad, jornadas de sol a sol y hasta el medianero de los señores como alcalde.

Hoy, más de 500 años después, Yaiza es capital de uno de los municipios turísticos más prósperos de Canarias. Pero no olvida su pasado, siempre presente, no vaya a ser que vuelva.
De los primeros asentamientos a la Iglesia de Los Remedios
Femés, Yaiza y Uga surgieron a la par, en el siglo XVI, como respuesta a los constantes ataques piráticos que arrasaron la primera ciudad rubicense en Papagayo. La primera referencia escrita al “Lugar de Yaiça” aparece en 1509 en un protocolo del escribano Hernán Guerra.

Desde entonces, familias como los Medina y Saavedra, los Eugenio, los Viera o los Curbelo fueron dando vida al caserío, dedicado al cultivo y al pastoreo en estrecha relación con Las Breñas, Femés y Uga.
El peso social del pueblo se reflejó en la construcción de la Iglesia de Los Remedios, iniciada a finales del XVII y concluida en 1728, apenas dos años antes de las erupciones que cambiarían Lanzarote para siempre.

Yaiza, notaria de las erupciones de Timanfaya
El 1 de septiembre de 1730 el cura de Yaiza, don Andrés Lorenzo, escuchó crujir la tierra. Desde el Lomo del Cura fue testigo directo del inicio de las erupciones de Timanfaya, cuyas crónicas resultan fundamentales para conocer lo ocurrido entre 1730 y 1736.

Yaiza quedó a salvo “por milímetros” de las coladas, pero parte de su población huyó despavorida hacia Arrecife, Haría o incluso Gran Canaria.
Barrilla, casonas y jornaleros
Tras la crisis volcánica, Yaiza conoció cierta prosperidad con el comercio de la barrilla. En el siglo XVIII se levantaron las casonas que aún hoy marcan el estilo arquitectónico del casco histórico.

Agustín de la Hoz recoge que una de las más suntuosas, construida en 1850 por don Ruperto Vieyra y Sousa, fue la primera en Lanzarote con agua corriente. Otro personaje destacado fue don Domingo Armas, famoso por su carromato tirado por un dromedario, que en 1906 desfiló en Arrecife durante la visita del rey Alfonso XIII.
Mientras tanto, jornaleros, pastores, agricultores y salineros vivían con escasos recursos, pero con una nobleza de carácter que De la Hoz describía como “educación y tranquilidad admirables”.

Con el boom turístico, Yaiza dejó atrás la incertidumbre. Hoy combina su prosperidad con la tranquilidad que siempre la caracterizó: la Plaza e Iglesia de Los Remedios, su arquitectura, la arboleda, las flores y el canto de los pájaros.

A apenas cinco minutos de Timanfaya, Janubio, Los Hervideros, el Charco de los Clicos, La Geria y Papagayo, Yaiza es parada ideal para reponer fuerzas en el Bar Stop, subir al Lomo del Cura o visitar su famoso Belén navideño.


Yaiza vive en prosperidad, pero sin olvidar el pasado que la forjó.