La Graciosa es la mayor de las islas que conforman el Archipiélago Chinijo. Su historia está marcada por navegantes, piratas, corsarios y viajeros que dejaron testimonio escrito de sus pasos.
El investigador Agustín Pallarés Padilla recopiló referencias históricas sobre esta isla en un detallado estudio. Aquí recogemos algunos de los pasajes más relevantes.
El origen del nombre
El topónimo La Graciosa se remonta al siglo XIV. Nicoloso da Recco, navegante genovés al servicio de Portugal, recorrió las Islas Canarias en 1341 y documentó algunas de ellas. Aunque no se conserva un manuscrito que mencione expresamente «Insula de la Graciosa», su viaje refleja la temprana relevancia de las islas menores del archipiélago.

En el siglo XVII, el historiador Juan de Abreu Galindo describió La Graciosa como una isla de gran belleza. Su descripción ha llevado a interpretaciones modernas sobre el origen del nombre, vinculándolo con la “gracia y hermosura de la isla”, aunque esto no constituye una afirmación directa del autor.
El Río: frontera natural con Lanzarote
El estrecho que separa La Graciosa de Lanzarote, conocido como El Río, ha marcado su historia. Leonardo Torriani, ingeniero militar al servicio de Felipe II, lo describió así en 1590:
“Entre Lanzarote y La Graciosa hay un canal de mar de una milla de ancho, llamado Río, muy peligroso por sus corrientes y bajíos”.

Humboldt y Bonpland en La Graciosa
La isla despertó el interés de viajeros y naturalistas. En 1799, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland hicieron escala en La Graciosa antes de continuar hacia Tenerife y América. El propio Humboldt la describió como “una isla árida, sin árboles, habitada por algunos pescadores”.

El siglo XIX: pleitos, pesca y el primer nacimiento en La Graciosa
En el siglo XIX, La Graciosa vivió un período convulso marcado por conflictos sobre su propiedad y sus recursos. Durante décadas, diferentes familias lanzaroteñas reclamaron el uso de la isla, motivadas por su importancia como pastizal y fuente de alimentos, desde pescado y mariscos hasta pardelas y conejos, esenciales para la subsistencia local.
El marino escocés George Glas, en su libro The History of the Discovery and Conquest of the Canary Islands (1764), ya describía la islita como un enclave estratégico para la pesca y el comercio. Glas relataba que en invierno los nativos de Lanzarote llevaban a La Graciosa cabras y ovejas para pastar, mientras que en verano las traían de vuelta a Lanzarote debido a la escasez de agua y pasto.

Finalmente, en 1816, el Cabildo de Lanzarote logró que se reconociera oficialmente el derecho de los ciudadanos a utilizar La Graciosa como pastizal y fuente de alimentos, tal como se había hecho desde el siglo XVI.
El poblamiento estable de la isla se produjo más tarde, en la segunda mitad de la década de 1880, tras el cierre de la Sociedad Pesquera Canario-Africana, fundada por Ramón Silva Ferro. Según testimonios directos recopilados por Agustín Pallarés Padilla, los primeros residentes permanentes fueron cuatro matrimonios provenientes de Arrieta: Francisco Álvarez Rijo y Agustina Quintero; Claudio Betancort Barrios y María Cruz; Pedro González y Casimira; y Fernando Páez y María Villalba. Ellos habían ido a La Graciosa inicialmente para faenar y mariscar, hasta que decidieron quedarse definitivamente, marcando el inicio del asentamiento humano estable en la isla.
“Habiéndole preguntado si sabía quienes habían sido las primeras personas en establecerse en la isla de forma permanente, me contestó que fueron cuatro matrimonios… Según la versión de los hechos que me dio, tenían costumbre de ir a La Graciosa a pasar temporadas de pesca y marisqueo, hasta que un día decidieron de común acuerdo quedarse a vivir de fijo en la islita” — Agustín Pallarés Padilla.

La Graciosa hoy
De refugio de piratas a lugar de paso de naturalistas y viajeros, La Graciosa ha recorrido siglos de historia hasta convertirse en la octava isla habitada de Canarias. Sus playas vírgenes, sus calles de arena y su tranquilidad siguen siendo testimonio vivo de un pasado lleno de episodios fascinantes.

Hoy, La Graciosa recibe a miles de viajeros que buscan admirar tanto su historia titánica como su belleza salvaje, los senderos volcánicos que conectan Caleta de Sebo con Playa Francesa y los acantilados del norte.
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