Dir.El Bosquecillo (Haría)
Haría
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Puerto del Carmen

El Mirador del Risco de Famara

A unos 480 metros de altura y en primerísima línea de mar, la panorámica es colosal: el rico patrimonio ecológico que brota y sobrevuela el macizo, así como la caprichosa orografía del risco. A sus pies, la espectacular playa de Famara y el rompiente variado de olas que aporta un audio distintivo a la experiencia.

Por si fuera poco, al norte apreciará la bella factura de La Graciosa, Montaña Clara y Alegranza posadas en el Atlántico, mientras que hacia el interior de Lanzarote atisbará la magia del valle de las 1.000 palmeras de Haría y el enigmático volcán de La Corona. 

El Mirador del risco de Famara ocupa un pequeño rincón de piedra natural a los pies del majestuoso acantilado dentro del área conocida como El Bosquecillo. El balcón está situado a unos 480 metros de altura en primerísima línea de mar. La zona acostumbra a estar nublada y no tiene sentido visitar el paraje si el día no está despejado. De concurrir esta circunstancia, la panorámica es colosal. Se aprecia con nitidez el rico patrimonio de flora y fauna que brota y sobrevuela el macizo, así como la caprichosa orografía del risco.

El macizo de Famara y la playa

Sin embargo, alrededor del mirador convergen otros estímulos de indudable interés. A nuestros pies aparece la silueta juguetona de playa Famara y su variado rompiente de olas. La estampa, un lienzo colorido que invita al baño, incorpora audio: el rítmico estruendo de las olas que estallan en la orilla envuelve al risco de una acústica naturista de primer orden. Desde la misma atalaya se obtiene también una inquietante postal del Archipiélago Chinijo (islas y peñascos situados a una milla naútica al norte de Lanzarote). La sinergia entre el risco de Famara, la atractiva figura de Montaña Amarilla (isla de La Graciosa), el islote de Montaña Clara y la mística de Alegranza compone una de las panorámicas más espectaculares de Lanzarote.

La sinergia paisajística del risco con las islas del Archipiélago Chinijo

El mirador amplía su perspectiva hacia el interior de la isla: atisbará el valle de las 1.000 palmeras tras el que se esconde el encantador pueblo de Haría y un poco más al norte el volcán de La Corona luce imponente, adivinándose (a pesar de la distancia) un escenario ecológico único por descubrir.

¿Qué se siente desde este lugar privilegiado? La impresión de una famosa viajera, la inglesa Olivia Stone, que recorrió las islas a finales del siglo XIX. Esto fue lo que escribió cuando tropezó con el mirador del risco de Famara:

"Rara vez he visto algo más bello que estas escarpadas rocas de color gris, rojo y pardo, rodeadas de azul. Si se las observa por separado, no hay nada en estas islas, desnudas y sin árboles, que suscite admiración, pero lo que les da su belleza hay que verlo para admirarlo. Es el maravilloso colorido, el cielo azul con nubes aborregadas, y estos islotes escarpados, de vivos colores y desiertos, engarzados como piedras preciosas en un mar turquesa".

¿Cómo llegar?

Alcanzar los dominios del mirador del risco de Famara obliga a tomar la sinuosa carretera que conecta Haría y Teguise. La vía, estrechísima (precaución), atraviesa en zig zag el valle de Malpaso. Prácticamente al final del ascenso en coche, coincidiendo con el mirador de Temisa, localizará un camino de tierra que le dirigirá a El Bosquecillo (ver plano). La zona, rodeada de arbustos, plantas y flores, está equipada con confortables bancos y mesas de madera, barbacoa, parque infantil y el acceso al mirador del risco. La oportunidad de un almuerzo campestre con la banda sonora atlántica y el precioso marco paisajístico es gratuita.   

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