A la hora del atardecer, en el entorno de Los Charcos de Costa Teguise, no queda ni una vela en el agua. Los windsurfistas y wingfoilistas lo dieron todo mientras el sol gobernaba el litoral.
Ahora solo permanecen algunas almas que se reconocen en estos escenarios solitarios, compartiendo espacio con tres o cuatro gatos que merodean entre charcos, piedras y jable.
Una vereda, con más grietas que un queso gruyer, hace de pasarela hasta el borde del mar, entre dos tierras. Al norte, la casa más bonita de Costa Teguise, a medio centenar de metros del final de la avenida marítima. Al sur, el núcleo turístico abierto en canal, con las lucecitas que anuncian la fase final del día: carnes al grill, tikka masala, chop suey…

Allá ellos, que ahora se estarán perfumando para salir a cenar. Nosotros, a lo nuestro: inhalar yodo marino de alta calidad y dejarnos colocar por el vaivén de las olas, hoy mansas a estas horas. Sí, coloca. Quedarse quieto como un poste y mirar las ondas marinas avanzar hacia la orilla, una y otra vez.

Hasta aquel Paul Newman indomable encontraría aquí alivio y sosiego: quieto, parado, acurrucado, contemplando el cuadro que dictan los designios de la naturaleza.
Y es que, a veces, todo resulta un poco ridículo: buscar y rebuscar dosis de dopamina haciendo scroll, cuando un momento como este, real y verdadero, acontece a diario y es free. Procuro grabármelo a fuego en el cerebelo, justo en el momento en que se encienden las luces tenues que apenas iluminan el paseo.

Las gigantescas piedras que protegen el paseo ejercen de dique de Los Charcos, pero también de confortable y privilegiada butaca. Mira, solo tenía que sentarme y disfrutar. Eso hice. Y disfruté… sin embargo, a los 30-40 segundos, un exceso de pensamiento me lió:
—¿Cómo lo hago para espaciar y garantizar estas dosis de dopamina de calidad cada cierto número de horas?—
¿Qué clase de TOC padeceré para salirme de un momento pleno y enredarme en planificaciones que nunca terminan? Evidentemente, Nietzsche se me viene a la cabeza: «Yo no soy un hombre, soy un campo de batalla». Hay que seguir. Día a día. Del amanecer al atardecer. Lo que hay…
Despejadas las musarañas momentáneamente, doy fe de que volverán, vuelvo atrás la mirada, al ocaso del día que se escabulle bajo el horizonte y a las ondas marinas que siguen sucediéndose mar adentro. Hay que seguir mirando. Siempre.

Vivido: Sábado 20 de diciembre de 2025 entre las 18:00 y las 19:00.
⏰ Atardecer en Costa Teguise y tiempo
🏜️ Horario aproximado del atardecer: entre las 18:10 – 18:30 en invierno; entre las 20:00 y las 20:30 en verano. Consultar horario.
Recomendación: llegar al menos 30 minutos antes para encontrar buena posición en Los Charcos y disfrutar del espectáculo de luz y olas.