Unas gaviotas merodean en torno al pescador solitario que lanza la caña desde el dique rocoso del Hotel Salinas, en Costa Teguise. La calita, desierta, pulcra, planchada. Ante ella desfilan caminantes y runners, sudorosos. Pasan de largo. Se lo pierden.

Hay que descalzarse y soltar amarras, mar adentro. Brazada e inmersión para salir a la superficie reseteado a los tres segundos. Una gaviota intuye lo que se viene y se coloca en tribuna, como las autoridades, para presenciar la sutil puesta de sol.



¡Qué delicia!, pienso, extrañado de estar solo, cuando aparece un huésped del hotel, también solitario pero decidido a ir contracorriente. El filete a la plancha puede esperar; ahora toca ensalitrarse. Tiene pinta de haber sido un ejecutivo exitoso y, ahora, dichoso, parece liberado. Nos sonreímos y coincidimos: “Clever!”. ¿Recuerdan a aquel Míchel González en el Mundial de Italia 1990, tras su hat trick, diciéndose para sí “me lo merezco”? Estamos a un plis de soltarlo a pleno pulmón, pero optamos por masticarlo para nuestros adentros.

Él en la hamaca, yo en el dique. Los dos, ensalitrados, a gustito, relamiendo el momento y la sal en la comisura de los labios. Allá en el horizonte, el tercero en concordia pone con mimo la carnada en el anzuelo, mientras las gaviotas siguen rondándole.

“All my possessions for a moment of time”, se dice que dijo Isabel I de Inglaterra en su lecho de muerte. Él y yo volvemos a cruzarnos la mirada. Nada nos decimos porque no hace falta. Sabemos lo que hay. Sonreímos. Nos lo merecemos. Clever!
Vivido: Jueves 23 de abril de 2026 entre las 19:50 y las 20:25.